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Tal
vez el principio más básico y general del pensamiento taoísta
sea el concepto del Chi. Su importancia para la filosofía china
se ha planteado en las obras populares de Lao Tzu (604-511 A.C.)
y Chuang Tzu (399-295 A.C.), pero sus orígenes se remontan a miles
de años atrás.
El Chi es el origen
de todo el movimiento del universo. Los movimientos de las estrellas
y los planetas, la radiación del sol y los esquemas de nuestros
pensamientos y emociones se producen gracias al Chi. Está considerado
como la fuente de nuestra fuerza vital y el factor animado que
hay en todos los seres vivos.
El Chi se condensa
y se dispersa, en ciclos alternativos de energía positiva y negativa
(Yin y Yang), y se materializa en diferentes formas y aspectos.
No se puede crear ni destruir. En cambio, el Chi se transforma
y reaparece en nuevos estados de existencia. Según esto, todos
los estados de existencia son manifestaciones temporales del Chi,
especialmente los de la materia física.
El Chi, además,
mantiene las cosas unidas. Es lo que hace que los componentes
de nuestros cuerpos no se separen y disipen. Cuando un cuerpo
humano pierde su aliento vital, desaparece de él la energía original
(fuerza vital) y deja que se descomponga.
El Chi mantiene
en su lugar los órganos, las glándulas, los vasos sanguíneos y
demás partes del cuerpo. Cuando se debilita el Chi, puede producirse
una relajación de los órganos en la que caen de su posición normal,
produciéndose un mal funcionamiento y la falta de salud. El Chi,
además, calienta el cuerpo: cualquier aumento y disminución del
calor del cuerpo indica la fortaleza de su flujo.
El Chi que forma
los cielos y la tierra es, en esencia, el mismo que forma los
seres vivos. Los antiguos filósofos chinos lo expresaron así:
El Chi Wu (el gran
vacío) está formado por Chi. El Chi se condensa y se convierte
en millones de cosas. Las cosas se desintegran necesariamente
y vuelven al Chi Wu. Si se condensa el Chi, se hace visible y
aparecen las formas físicas. El Chi que está dispersándose es
sustancia, lo mismo que cuando está condensándose. Todo nacimiento
es una condensación y toda muerte, una dispersión.
El Chi humano difiere
en calidad y cantidad en todas las personas. En ocasiones el Chi
puede bloquearse, lo que ocasiona enfermedades. Es idóneo que
el Chi del ser humano esté en concordancia con el del entorno.
Esta armoniosa interacción de estos dos tipos de Chi es de lo
que trata el Feng Shui.
El ser humano está
formado por el Chi del Cielo y el Chi de la Tierra.
El libro del Génesis,
de la Biblia dice “Dios creó al hombre a Su imagen”. De un modo
parecido, en el pensamiento chino los seres humanos son un microcosmos
del universo. Así pues, el Chi fluye por el universo y también
por los seres humanos. Estudiando la forma de actuar de nuestro
Chi, podemos conocer cómo actúa el universo. En la Alquimia Interior
Taoísta, empezamos el proceso de exploración espiritual dentro
del laboratorio de nuestro propio cuerpo y mente.
El máximo objetivo
de la Alquimia Interior Taoísta es transformar nuestras células
para que se unan con la Energía Cósmica (Yo Superior) y se conviertan
en células cósmicas inmortales del universo.
El Chi está presente
en todos lados, es la fuerza siempre presente que circula y mueve
el entorno. Está afuera y adentro de las casas. En la tierra,
el agua, a través de las montañas, el Chi está en todo y en todos.
El Feng Shui trata
de capturar, manejar o controlar el Chi para que éste sea positivo
y benéfico.
El
Qi (Chi) en otras culturas
La idea del Chi
no es exclusiva de los chinos. Casi todas las culturas del mundo
tienen una palabra para expresar este concepto.
En hebreo, la palabra
que utilizan es “Ruach” y aparece en el primer capítulo del Génesis:
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra. El mundo no tenía
forma y estaba vacío y las tinieblas estaban sobre la superficie
de lo profundo y el Ruach (espíritu, viento o hálito) de Dios
se movía sobre la superficie de las aguas." Génesis I: 1-2. El
Ruach estaba presente en la creación del universo, incluso antes
que la luz. Este término significa Hálito de Dios o Hálito Divino.
En Japonés se emplea
el término Ki, ampliando el concepto de Chi para incluir la idea
china de Yi o propósito, que da a entender que nuestra mente o
voluntad tiene una influencia trascendental para gobernar el movimiento
del Chi, algo muy importante para la meditación y las artes marciales.
En sánscrito la
palabra que significa Chi es “Prana”; en tibetano “Lung”. En la
lengua de los siux lakota se conoce como “Neyatoneyah”; los bus
del Kalahari le llaman “Num”, que significa energía que hierve;
y en el mundo islámico se le llama “Barraka”. Aunque son muchas
las culturas que tienen conocimiento del Chi, los chinos han refinado
este concepto y lo han integrado en su cultura a un nivel inigualable.
El Chi es el factor central en torno al cual giran en China la
medicina, las artes marciales, la meditación, la ciencia, la pintura,
la caligrafía, la arquitectura, la decoración interior y la poesía.
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