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Qué
es la Alquimia?
Mejor dicho, diremos
lo que fue la alquimia, fue en muchos sentidos la predecesora
de la ciencia moderna, y especialmente precusora de la ciencia
química.
La alquimia era
una antigua práctica protocientífica que combina elementos de
la química, la física, la astrología, el arte, la semiótica, la
metalurgia, la medicina y el misticismo.
Aunque estas prácticas
eran normalmente usadas fuera de lo que ahora se conoce como método
científico, la alquimia puede ser considerada como la precursora
de la moderna ciencia química antes de la formulación del método
científico.
La meta más conocida
de la alquimia era la transmutación de cualquier metal en oro
o plata. Los alquimista también intentaron crear una panacea,
un remedio que supuestamente curaría todas las enfermedades y
prolongaría la vida indefinidamente. Se creía que la piedra filosofal
era un ingrediente esencial para estas metas, pues esta sustancia
mítica supuestamente tenía el poder de lograr ambas cosas. Una
tercera meta de muchos alquimistas era crear vida humana.
Con el tiempo,
las metas de la alquimia fueron totalmente reinterpretadas por
muchos lectores, que llegaron a creer que eran en realidad metáforas
de una transformación espiritual del alquimista y escribieron
entonces manuales que reinterpretaban la alquimia como una práctica
espiritual. Por esta razón, muchos manuales de alquimia describen
la piedra filosofal como un don que cada hombre lleva potencialmente
dentro, la transmutación como el proceso que transforma al alquimista
mediante el estudio de las ciencias y la panacea como el auténtico
significado del amor y la ciencia. Estos escritores sentían que
cuando se leía un libro sobre alquimia el lector debía leer entre
líneas para entender el camino a seguir, descodificando el texto
secreto para descubrir su auténtico significado.
Este enfoque sigue
siendo común en la actualidad entre los seguidores de la Cábala,
místicos judíos, que emplean a menudo la gematría y el notaricón
para ampliar su comprensión de textos religiosos esenciales, especialmente
de la Torá.
La palabra alquimia
procede del árabe al-kimiya o al-khimiya,
que está formada probablemente del artículo al-
y de la palabra griega khumeia, que
significa "echar juntos", "verter juntos",
"soldar", "alear", etc. (de khumatos, "lo
que se vierte", "lingote").
La alquimia nació
en el antiguo Egipto, y empezó a florecer en Alejandría, en el
periodo helenístico. Se considera
que los escritores de algunos de los primeros filósofos griegos
contienen las primeras teorías químicas. Zósimo de Tebas (alrededor
del 250-300), descubrió que el ácido sulfúrico era un disolvente
de metales y liberó oxígeno del óxido rojo de mercurio.
El concepto fundamental
de la alquimia procedía de la doctrina aristotélica de que todas
las cosas tienden a alcanzar la perfección. Puesto que otros metales
eran considerados menos “perfectos” que el oro, era razonable
suponer que la naturaleza formaba oro a partir de esos metales
en el interior de la Tierra, y con habilidad y la diligencia suficientes,
un artesano podría reproducir este proceso en el taller. Al principio,
los esfuerzos hacia este objetivo eran empíricos y prácticos.
Durante los califatos
de los Abasidas desde 750 a 1258, floreció en Arabia una escuela
de farmacia. El primer trabajo conocido de esta escuela es la
obra titulada De alchemia traditio summae perfectionis in
duos libros divisa,
atribuida al científico y filósofo árabe Abú Musa al-Sufí
o Abd-al-Rahman Al Sufi, conocido en Occidente como
Geber; este trabajo podemos considerarlo como el
tratado más antiguo sobre química propiamente dicha. Los alquimistas
árabes se familiarizaron con lo que actualmente llamamos reactivos
químicos.
Creían que los
metales eran cuerpos compuestos, formados por mercurio y azufre
en diferentes proporciones. Su creencia científica era el potencial
de transmutación.
La alquimia, se
transmitió a Europa a través de España, gracias al florecimiento
que las ciencias y las artes experimentaron en Al-Andalus durante
la edad media. Los primeros trabajos existentes de la alquimia
europea son los del monje Roger Bacon y el filósofo
alemán Alberto Magno.
Roger Bacon
creía que el oro disuelto en agua regia era el elixir de la vida.
Alberto Magno dominaba
la práctica química de su época. En el siglo XV, el filósofo escolástico
italiano santo Tomás de Aquino, el polígrafo mallorquín
Ramón Llull y el monje benedictino Basil
Valentine contribuyeron mucho, por la vía de la alquimia,
al progreso de la química, con sus descubrimientos de los usos
del antimonio, la fabricación de amalgamas y el aislamiento del
espíritu del vino, o alcohol etílico.
Las recopilaciones
importantes de fórmulas y técnicas de este periodo incluyen Pirotecnia
(1540), del metalúrgico italiano Vannoccio Biringuccio;
Acerca de los metales (1556), del mineralogista
alemán Georgius Agricola; y Alquimia (1597);
de Andreas Libavius, un naturalista y químico alemán.
El más famoso de
todos los alquimistas fue el suizo Paracelso, que
vivió en el siglo XVI. Mantenía que los elementos de los cuerpos
compuestos eran sal, azufre y mercurio. Esos métodos fueron promovidos
por Paracelso. Paracelso pasó la mayor parte de su vida disputando
violentamente con los médicos de la época, y en el proceso fundó
la ciencia de la iatroquímica (uso de medicinas químicas), precursora
de la farmacología.
Paracelso y sus seguidores descubrieron muchos compuestos
y reacciones químicas. Modificó la vieja teoría del mercurio-azufre
sobre la composición de los metales, añadiendo un tercer componente,
la sal. Declaró que cuando la madera arde:
" lo que se quema es
azufre, lo que se evapora es mercurio y lo que se convierte
en cenizas es sal "
Su hincapié en
el azufre combustible fue importante para el desarrollo posterior
de la química. Los iatroquímicos que seguían a Paracelso modificaron
parte de sus ideas más extravagantes y combinaron las fórmulas
de él con las suyas propias para preparar remedios químicos. A
finales del siglo XVI, Andreas Libavius publicó
su Alchemia, que organizaba el saber de los iatroquímicos
y que se considera a menudo como el primer libro de química.
Después de Paracelso,
los alquimistas de Europa se dividieron en dos grupos. El primero
estaba compuesto por aquellos que se dedicaron intensamente al
descubrimiento científico de
nuevos compuestos y reacciones; estos científicos fueron los antecesores
legítimos de la química moderna, tal como lo anuncia el trabajo
del químico francés Antoine Lavoisier. El segundo
aceptó la parte visionaria y metafísica de la vieja alquimia y
desarrolló una práctica, basada en la impostura, la magia negra
y el fraude, de la que se deriva la actual noción de alquimia.
Pensaban que los
metales de la Tierra tendían a ser cada vez más perfectos y a
convertirse gradualmente en oro, y creían que podían realizar
el mismo proceso más rápidamente en sus talleres, transmutando
así de forma artificial los metales comunes en oro. Comenzando
el año 100 de la era cristiana, esta idea dominaba la mente de
los filósofos y los trabajadores del metal, y se escribió un gran
número de tratados sobre el arte de la transmutación que empezaba
a conocerse como alquimia. Aunque nadie consiguió hacer oro, en
la búsqueda de la perfección de los metales se descubrieron muchos
procesos químicos.
Los chinos consideraban
al oro como una medicina que podía conferir larga vida o incluso
la inmortalidad a cualquiera que la consumiera. Al igual que los
egipcios, los chinos aumentaron sus conocimientos de la química
práctica a partir de teorías incorrectas.
Tecnología
y filosofía en la antigüedad
Los primeros procesos
químicos conocidos fueron realizados por los artesanos de Mesopotamia,
Egipto y China. Al principio, los forjadores de esas tierras trabajaban
con metales nativos como el oro y el cobre, que a veces se encontraban
en la naturaleza en estado puro, pero rápidamente aprendieron
a fundir menas (principalmente los óxidos metálicos y los sulfuros)
calentándolas con madera o carbón de leña para obtener los metales.
El uso progresivo del cobre, bronce y hierro dio origen a los
nombres que los arqueólogos han aplicado a las distintas eras.
En esas culturas se inició también una tecnología química primitiva,
conforme los tintoreros descubrían métodos para fijar los tintes
en los distintos tipos de tejidos y los alfareros aprendían a
preparar barnices y más tarde a fabricar vidrio.
La mayoría de esos
artesanos trabajaban en los monasterios y palacios haciendo artículos
de lujo. En los monasterios especialmente, los monjes tenían tiempo
para especular sobre el origen de los cambios que veían en el
mundo que los rodeaba. Sus teorías se basaban frecuentemente en
la magia, pero también elaboraron ideas astronómicas, matemáticas
y cosmológicas, que utilizaban en sus intentos de explicar algunos
de los cambios que hoy se consideran químicos.
Filosofía
Natural Griega
Desde los tiempos
de Tales de Mileto, unos 600 años a.C., los filósofos griegos
empezaron a hacer especulaciones lógicas sobre el mundo físico,
en lugar de confiar en los mitos para explicar los fenómenos.
El mismo Tales pensaba que toda la materia procedía del agua,
que podía solidificarse en tierra o evaporarse en aire. Sus sucesores
ampliaron esta teoría en la idea de que el mundo estaba compuesto
por cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Según Demócrito,
esos elementos estaban compuestos por átomos, partículas diminutas
que se movían en el vacío. Otros, especialmente Aristóteles, creían
que los elementos formaban un medio continuo de materia y, por
tanto, el vacío no podía existir. La idea atómica perdió terreno
rápidamente, pero nunca fue completamente olvidada. Cuando fue
revisada durante el renacimiento, formó la base de la teoría atómica
moderna.
Aristóteles fue
el más influyente de los filósofos griegos, y sus ideas dominaron
la filosofía natural durante casi dos milenios después de su muerte,
en el 323 a.C. Creía que la materia poseía cuatro cualidades:
calor, frío, humedad y sequedad. Cada uno de los cuatro elementos
estaba compuesto por pares de esas cualidades; por ejemplo, el
fuego era caliente y seco, el agua fría y húmeda, el aire caliente
y húmedo, y la tierra fría y seca. Esos elementos con sus cualidades
se combinaban en diferentes proporciones para formar los componentes
del planeta terrestre. Puesto que era posible cambiar las cantidades
de cada cualidad en un elemento, se podía transformar un elemento
en otro; así, se pensaba que era posible cambiar las sustancias
materiales formadas por los elementos, por ejemplo, el plomo en
oro.
Fuentes:
Diccionario Enclicopédico Universal Oceano Color - El
rincón del vago - Monografias
Wikipedia
la enciclopedia libre
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