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Alquimia
Griega
Cuando se funda
la civilización griega, ya se conocen el cobre, el bronce y el
hierro; el oro y la plata se usan para ornamentos y el plomo fácil
de trabajar estálejos de ser ignorado. Se conoce la manera de
obtener tintes (púrpura del múrex), de fundir los esmaltes y desde
la más remota antiguedad, se extrae el cinabrio (sulfuro rojo),
un líquido brillante como la plata, muy pesado y que posee todas
las propiedades de un metal.
Los primeros filósofos
griegos, cuyo método de planteamiento de la mayor parte de los
problemas era teórico y especulativo, llegaron a la conclusión
de que la tierra estaba formada por unos cuantos elementos o sustancias
básicas. Empédocles de Agriento, alrededor del 430 a.C. estableció
que tales elementos eran cuatro: tierra, aire, agua y fuego. Un
siglo más tarde, Aristóteles supuso que el cielo constituía un
quinto elemento, el éter. Los griegos creían que las substancias
de la tierra estaban formadas por las distintas combinaciones
de estos elementos en distintas proporciones.
Los griegos se
planteaban la cuestión de si la materia era continua o discontinua,
es decir si podía ser dividida y subdividida indefinidamente en
un polvo cada vez más fino, o si, al término de este proceso se
llegaría a un punto en el que las partículas fuesen indivisibles.
Leucipo de Mileto y su discípulo Demócrito de Abdera (aprox 450
a.C.) insistían en que la segunda hipótesis era la verdadera.
Demócrito dio a éstas partículas el nombre de átomos (o sea no
divisible). Llegó incluso a sugerir que algunas substancias estaban
compuestas por diversos átomos o combinaciones de éstos. También
pensaba que una sustancia podía convertirse en otra al ordenar
sus átomos de diferente manera. Si tenemos en cuenta que es sólo
una sutil hipótesis, es sorprendente la exactitud de esta intuición.
Pese a que la idea pueda parecer hoy evidente, estaba muy lejos
de serlo en la época en que Platón y Aristóteles la rechazaron.
En el 600 a.C.
el filósofo griego Tales de Mileto descubrió que una resina fósil
descubierta en las playas del Báltico, a la cual nosotros llamamos
ámbar y ellos llamaron elektron tenía la propiedad de atraer plumas,
hilos o pelusa al ser frotada con un trozo de piel.
El pensamiento
alquímico de la antigua Grecia se basó en teorías y especulaciones
y muy pocas veces en la experimentación. Muchas de las escrituras
griegas del tema se conservaron y despertó el estudio de ésta
ciencia en la edad media.
Alquimia China
Resulta muy complicado
determinar la aparición de la alquimia en el pensamiento humano
pero las evidencias parecen demostrar que ésta se desarrollo antes
en China que en Occidente. La alquimia china esta relacionada
con propósitos más antiguos que la metalurgia o la medicina. Planteaba
la inmortalidad física y se remonta al siglo 8 a.C. Para el siglo
4 a.C. planteaba que esto se lograría con drogas mágicas denominadas
el elíxir de la vida, y lo planteaba como una solución de oro
lo cual era hipotético por la dificultad de disolver oro.
Son posibles las
influencias indias ya que la alquimia china es muy similar a la
india. Talvés la alquimia se desarrollo en China como un asunto
doméstico. Se le asoció al taoísmo, religión mística formada en
el siglo 6 a.C.
Los tratados sobre
alquimia más antiguos conocidos relacionan a la alquimia con las
matemáticas místicas de 64 hexagramas (figuras de 6 líneas usadas
para adivinación). La relación con la práctica química es tenue
pero menciona algunos materiales e implica operaciones químicas.
El primer alquimista chino que fue razonablemente conocido fue
Ko Hung (283-343 d.C.), quien escribió un libro conteniendo obscuras
recetas para elixires, en su mayor parte compuestos de arsénico
y mercurio. El libro alquímico chino más famoso es el Tan chin
yao chuen (grandes secretos de la alquimia), probablemente escrito
por Sun Ssu-miao (581-673 d.C.), y es un tratado práctico en la
creación de elixires (mercurio, azufre y las sales de mercurio
y arsénico son prominentes) para lograr la inmortalidad, plantea
otras sustancias para la cura de enfermedades y la fabricación
de piedras preciosas.
Sin embargo, las
igualdades entre los materiales usados en la alquimia china, hindú
y occidental son más sorprendentes que sus diferencias. De todas
maneras la alquimia china difiere de la occidental por sus objetivos.
Mientras que en occidente los objetivos principales eran la transmutación
de sustancias y los elixires de inmortalidad, ninguno de estos
dos objetivos parecen haber sido muy importantes en China.
La alquimia china
fue consistente desde el principio, y hubo una pequeña controversia
en su historia. Los alquimistas chinos han variado sus recetas
para los elixires de la inmortalidad o talvés sólo cambiaron sus
nombre; de todas formas se han encontrado aproximadamente 1000
recetas. En occidente había conflictos entre los partidarios de
la farmacia química y hierbal. En China los remedios minerales
fueron siempre aceptados. En Europa había conflictos entre los
que pensaban que el objetivo principal de la alquimia era hacer
oro y los que creían que era el desarrollo de nuevas medicinas.
En China este último fue el dominante.
La alquimia china
siguió su propio camino mientras que en occidente las numerosas
promesas religiosas de la inmortalidad hicieron que la alquimia
no tuviera como prioridad lograr la inmortalidad. Las deficiencias
de la religión china le dieron a la alquimia la oportunidad de
llenar ese lugar. Muchos de los elixires desarrollados por los
chinos eran venenosos lo que llevó a los alquimistas chinos a
moderar se peligrosidad variando sus ingredientes o por medio
de manipulaciones químicas. El gran deseo de los chinos por la
inmortalidad llevó al historiador inglés de la ciencia Joseph
Needham a realizar una lista sobre los emperadores chinos que
murieron por envenenamiento a causa de la ingestión de dichos
elíxires. Finalmente una sucesión de muertes reales hicieron a
los alquimistas y emperadores mas cuidadosos y la alquimia china
desapareció. Talvés el pueblo chino adoptó el budismo que ofrecía
formas más fáciles de lograr la inmortalidad.
Uno de los descubrimientos
químicos más grandes fue la pólvora desarrollada en China (mezcla
de salitre, azufre y carbón). Los chinos la conocían desde mucho
antes que en occidente aunque estos la usaban para hacer fuegos
artificiales. La pólvora llegó a Europa en el Siglo 13.
Alquimia Árabe
La alquimia árabe
es tan misteriosa en sus orígenes como la griega. Durante los
califatos de los Abasidas desde 750 a 1258, floreció en Arabia
una escuela de farmacia. El primer trabajo conocido de esta escuela
es la obra que se difundió en Europa en su versión latina titulada
De alchemia traditio summae perfectionis in duos libros divisa,
atribuido al científico y filósofo árabe Abú Musa al-Sufí, conocido
en Occidente como Geber; este trabajo, que podemos considerar
como el tratado más antiguo sobre química propiamente dicha, es
una recopilación de todo lo que se creía y se conocía por entonces.
Algunos historiadores
sugieren que la alquimia árabe desciende de una escuela asiática
occidental mientras que la alquimia griega desciende de una escuela
egipcia. Esta escuela asiática no es ni china ni india. Se puede
afirmar que la alquimia árabe estaba asociada con una ciudad específica
en Siria, Harran, que, según parece, fue en la que se desarrollaron
la mayor parte de los conocimientos alquímicos árabes.
Los alquimistas
árabes trabajaron con oro y mercurio, arsénico y azufre, y sales
y ácidos, y se familiarizaron con una amplia gama de lo que actualmente
llamamos reactivos químicos. Ellos creían que los metales eran
cuerpos compuestos, formados por mercurio y azufre en diferentes
proporciones.
El alquimista árabe
más grande fue seguramente ar Razí (850-923), un científico persa
que vivía en Baghdad. Ar Razí clasificó a los materiales usados
por el alquimista en cuerpos (a los metales): piedras, vidrio,
sales, etc. Y espíritus: mercurio, azufre, amoníaco, etc. El real
objetivo de éstos alquimistas era el de producir oro por medio
de reacciones catalíticas de ciertos elementos. Ar Razí escribió
un libro sobre las aguas fuertes que según los estudiosos del
tema no eran mas que soluciones de sal corrosivas.
Las escrituras
de Ar Razí representan el apogeo de la alquimia árabe. No se sabe
si se dedicó a la medicina que siguió siendo independiente aunque
hubo una tendencia árabe de dar mayor énfasis a los remedios minerales
que a los provenientes de plantas que fueron los remedios por
excelencia en la cultura griega.
Allá por el año
670 d.C., un alquimista sirio, Calínico, inventó según se cree
el fuego griego. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre
a la que se le atribuye la salvación de Constantinopla cuando
los musulmanes le pusieron sitio por primera vez. Al entrar en
contacto con el agua la cal viva se encendía y el petróleo ardía
en llamas.
Muchos de los escritos
árabes revelaban un carácter místico que contribuía poco al avance
de la química, pero otros intentaban explicar la transmutación
en términos físicos. Los árabes basaban sus teorías de la materia
en las ideas aristotélicas, pero su pensamiento tendía a ser más
específico, sobre todo en lo referente a la composición de los
metales. Ellos creían que los metales consistían en azufre y mercurio,
no propiamente estas sustancias que conocían muy bien, sino más
bien el principio del mercurio, que confería la propiedad de fluidez
a los metales, y el principio del azufre que convertía en combustibles
a las sustancias y corroía a los metales. Las reacciones químicas
se explicaban en términos de cambios en las cantidades de esos
principios dentro de las sustancias materiales.
Alquimia Hindú
La Alquimia China
está muy relacionada con la hindú, durante el auge de éstas civilizaciones
éstas se mantuvieron en estrecho contacto por lo que muchas ideas
acerca de la alquimia coinciden. Se cree que las heredaron de
los Griegos traídas por Alejandro Magno en sus conquistas.
Las Vedas (las
más antiguas escrituras sagradas hindúes), contienen algunas pistas
sobre la alquimia en la antigua India que presentan semejanzas
con la alquimia de la antigua China. Los Chinos e hindúes planteaban
la relación entre el oro y la larga vida.
El mercurio que
fue tan importante en la alquimia occidental es mencionado por
Arthashastra durante los siglos 3ro y 4to a.C. se planteaba la
posible conversión de metales comunes en oro.
Pero la alquimia
de la medicina y la inmortalidad eran los principales intereses
de los hindúes. No parecía muy importante la conversión de metales.
En la India los elixires de la inmortalidad no eran de gran importancia
y se trataba de simples remedios minerales para algunas enfermedades.
Los Chinos e Hindúes
asociaban a la alquimia con el misticismo religioso aunque a partir
de los siglos 10 al 12 esto cambió. Se encontraron escrituras
claramente alquímicas pertenecientes a estos siglos.
Los primeros pensamientos
filosóficos hindúes (siglo5 a.C.) planteaban a la naturaleza como
una concepción de elementos materiales (fuego, viento, agua, tierra
y espacio). China e India poseían grandes recursos de salitre.
Uno de los grandes
descubrimientos fue la sal de amoníaco descubierto durante los
siglos 1 y 2 d.C. Su importancia se basó en su capacidad de sublimación
disociándose en 2 materiales corrosivos, amoníaco y ácido clorhídrico
los cuáles atacan fuertemente a los metales.
Alquimia en
la Edad Media
Los sucesores de
los griegos en el estudio de las substancias fueron los alquimistas
medievales, aunque sumergidos en la magia y la charlataneria,
llegaron a conclusiones más razonables y verosímiles que las de
aquéllos, ya que por lo menos manejaron los materiales sobre los
que especulaban.
Durante la edad
media, especialmente entre los siglos 5 y 15, la ciencia fue oscurecida
por las inquietudes religiosas. Sin embargo, en el siglo 7 la
ciencia reapareció con los árabes, quienes habían acumulado los
antiguos conocimientos de los egipcios y de la filosofía antigua
griega a través de la escuela alejandrina, fundando una práctica:
la alquimia, el precedente de la química.
La alquimia europea
fue heredada de los árabes de esta forma:
- La influencia árabe penetró
en occidente primero por España: el califato de Córdoba alcanzó
su apogeo durante los reinados de Abderramán II (912-961)
y de al-Hákam II (961-976). Se crearon escuelas y bibliotecas
que atrajeron a los estudiantes de todo el mundo mediterráneo.
Según la tradición, el monje Gerbert, más tarde papa con el
nombre de Silvestre II (999-1003), fue el primer europeo que
conoció las obras alquímicas escritas por los árabes, aunque
personalmente fuera sobre todo teólogo y matemático.
- Pero fueron principalmente
las Cruzadas las que pusieron al occidente en relación con
la civilización árabe y despertaron vivo interés por la ciencia
oriental. Observemos también que Scicilia constituye un nexo
entre Oriente e Italia: el astrólogo Miguel Escoto dedicó
su De Secretis (1209), obra en la cual las teorías alquimistas
estaban extensamente desarrolladas, a su maestro el emperador
Federico II de Hohenstaufen.
La alquimia comenzó
a ponerse de moda en occidente a mediados del siglo 12, época
en la cual fue traducida del árabe al latín la obra conocida con
el nombre de Turba philosophorum (la turba de filósofos). Las
traducciones del árabe aumentaron progresivamente y suscitaron
en el siglo 13 una extraordinaria boga literaria de la alquimia.
Los alquimistas
consideraron los metales como cuerpos compuestos, resultantes
de 2 propiedades comunes: el mercurio, que era lo metálico, y
el azufre, que era lo combustible. Posteriormente consideraron
un tercer principio, la sal, identificada con la solidez y la
solubilidad. Estos principios alquimistas sustitutyeron durante
la Edad Media a los elementos de la filosofía helénica. Una idea
inmediata fue la posibilidad de conseguir la transmutación de
los metales, mediante la combinación de esos tres principios,
pero esta transmutación sólo podía ser factible en prescencia
de un catalizador al que se llamó piedra filosofal. La historia
de la alquimia es básicamente la búsqueda de la piedra filosofal.
Por otra parte los alquimistas confundidos con magos y brujos,
sufrieron persecución por parte de las autoridades religiosas.
Tratando de explicar
las diversas propiedades de las sustencias, los alquimistas atribuyeron
dichas propiedades a determinados elementos, que añadieron a la
lista. Identificaron el mercurio como el elemento que confería
propiedades metálicas a las sustancias, y el azufre, como el que
impartía la propiedad de la combustibilidad.
Según aquellos
alquimistas, una sustancia puede transformarse en otra simplemente
añadiendo y sustrayendo elementos en las propiedades adecuadas.
Un metal como el plomo, por ejemplo, podía transformarse en oro
agregándole una cantidad exacta de mercurio. Durante siglos prosiguió
la búsqueda de la técnica adecuada para convertir en oro un "metal
base" y en esto se basó toda la alquimia medieval. En este proceso,
los alquimistas descubrieron sustancias mucho más importantes
que el oro, tales como los ácidos minerales y el fósforo.
Los ácidos minerales:
nítrico, clorhídrico y, especialmente sulfúrico; introdujeron
una verdadera revolución en los experimentos de la alquimia. Éstas
sustancias eran ácidos mucho más fuertes que el más fuerte conocido
hasta entonces (el ácido acético o vinagre), y con ellos podían
descomponerses las sustancias, sin necesidad de emplear altas
temperaturas ni recurrir a largos períodos de espera.
El primer ácido
mineral en descubrirse fue probablemente el ácido nítrico, hecho
por la destilación de salitre, vitriolo y alumbre. El que presentó
más dificultades fue el ácido sulfúrico, que era destilado del
vitriolo o alumbre solos pero requería contenedores resistentes
a la corrosión y el calor. Mucho más difícil fue el ácido clorhídrico
que era destilado de sal somún o sal de amoníaco y vitriolo o
alumbre.
De todas formas,
pocos alquimistas se dejaron tentar por éstos importantes éxitos
secundarios, para desviarse de lo que éllos consideraban su búsqueda
principal. Muchos simulaban producir oro por medio de trucos de
prestidigitación para ganar el apoyo financiero de los mecenas.
Los trabajos de
los alquimistas de la Edad Media , aunque infructosos en el descubrimiento
de la piedra filosofal y del elixir de la larga vida, y por tanto
estériles, produjeron indudables progresos en la química de laboratorio,
puesto que prepararon nuevas sustancias, inventaron aparatos útiles
y desarrollaron técnicas empleadas más tarde por los químicos.
Desde el punto de vista metodológico, se debe a los alquimistas
una operación fundamental en química: la operación de pesar. Sus
filtros exigían una dosificación minuciosa de los ingredientes
que se mezclaban: así en sus laboratorios "fáusticos", los alquimistas
eleboraron lo que más tarde iba a ser el método cuantitativo.
Alquimia en
el Renacimiento
Durante el renacimiento
alquimista se había convertido en químico y alquimia había pasado
a ser la ciencia llamada Química. Surgió un nuevo interés por
las teorías griegas sobre el tema. Las investigaciones realizadas
por los alquimistas de la edad media fueron usadas para fundar
las bases de la química moderna.
El conocimiento químico se amplió
considerablemente y los científicos comenzaron a explicar el universo
y sus fenómenos por medio de la química.
Comienzan a aparecer
obras qúimicas en el sentido moderno de las palabra. Por otro
lado la alquimia alcanza su apogeo, y se asocia cada vez más con
la cábala, la magia y la teosofía.
Todos los conocimientos
químicos desarrollados durante la edad media comenzaron a ser
vistos desde otra perspectiva mas científica y se formaron las
bases sobre las cuales la química moderna se apoya. Sin embargo
muchos químicos aceptaron algunas doctrinas de la época como marco
de trabajo lo cual retrasó el desarrollo de la química aunque
esta avanzó a grandes pasos durante ésta época.
En el brillante
nacimiento de esta ciencia, uno de los primeros genios fue Robert
Boyle, quien formuló la ley de los gases que hoy lleva su nombre.
En su obra "El Químico Escéptico" (1661), Boyle fue el primero
en establecer el criterio moderno por el cual se define un elemento:
una sustancia básica puede combinarse con otros elementos para
formar compuestos y que por el contrario éstas no pueden descomponerse
en una sustancia más simple.
Sin embargo, Boyle
conservaba aún cierta perspectiva medieval acerca de la naturaleza
de los elementos. Por ejemplo creía que el oro no era un elemento
y que podía formarse de algún modo a partir de otros metales.
Las mismas ideas compartía su contemporáneo Issac Newton, quien
dedicó gran parte de su vida a la alquimia.
Un siglo después
de Boyle, los trabajos prácticos realizados por los químicos empezaron
a poner de manifiesto que sustancias podían descomponerse en otras
más simples y cuales no. Henry Cavendish demostró que el Oxígeno
se combina con el hidrógeno para formar el agua, de modo que ésta
no podía ser un elemento. Más tarde, Lavoisier descompuso el aire
(que se suponía en ese entonces un elemento), en oxígeno y nitrógeno.
Se hizo evidente que ninguno de los elementos de los griegos eran
tales según el criterio de Boyle.
En cuanto a los
elementos de los alquimistas, el mercurio y el azufre resultaron
serlo en el sentido de Boyle. También lo eran el hierro, el estaño,
el plomo, el cobre, la plata, el oro y otros no metálicos como
el fósforo, el carbono y el arsénico. El elemento de Paracelso,
la sal, fue descompuesto en dos sustancias más simples.
Desde luego, el
que un elemento fuera definido como tal dependía del desarrollo
alcanzado por la química en esa época. Mientras una sustancia
no pudiera descomponerse usando las técnicas disponibles debía
seguir siendo considerada como un elemento. Por ejemplo, la lista
de 33 elementos formulada por Lavoisier incluía entre otros, los
óxidos de cal y magnesio. Pero catorce años después de la muerte
de Lavoisier en la guillotina durante la Revolución Francesa,
el químico inglés Humphry Davy, empleando una corriente eléctrica
para escindir las sustancias, descompuso la cal en oxígeno y en
un nuevo elemento, el calcio; hizo lo mismo con el óxido de magnesio
obteniendo oxígeno y un nuevo elemento: el magnesio.
A pesar del gran
giro de esta ciencia en el renacimiento, todavía quedaba el gran
objetivo de hacer oro en estudio, fenómeno que recien fue desaprovado
científicamente en el siglo 19. Al estar basado el poderío de
un país en la cantidad de oro que poseía en La metrópolis de la
Alquimia, Praga, los emperadores Maximiliano II y Rodolfo II financiaban
y entretenían a todos los alquimistas de Europa para mantenerlos
en su poder y de poderse hacer oro ellos serían los dueños de
éste.
Esto no Era una
ventaja para los alquimistas. En 1595 Edward Kelley, alquimista
inglés junto con John Dee, famosos astrólogo, alquimista y matemático,
perdieron su vida en un intento de escapar de Rudolf II. En 1603
Christian II torturó a Scotsman Alexander Seton quien había viajado
por Europa haciendo transmutaciones. La situación era complicada
ya que los alquimistas estaban dejando la transmutación o la medicina
para convertirse en religiosos y científicos de las teorías griegas.
Entre los libros
más influyentes que aparecieron en esa época había trabajos prácticos
sobre minería y metalurgia. Esos tratados dedicaban mucho espacio
a la extracción de los metales valiosos de las menas, trabajo
que requería el uso de una balanza o una escala de laboratorio
y el desarrollo de métodos cuantitativos (véase Análisis químico).
Los especialistas de otras áreas, especialmente de medicina, empezaron
a reconocer la necesidad de una mayor precisión. Los médicos,
algunos de los cuales eran alquimistas, necesitaban saber el peso
o volumen exacto de la dosis que administraban. Así, empezaron
a utilizar métodos químicos para preparar medicinas.
Esos métodos fueron
promovidos enérgicamente por el excéntrico médico suizo Theophrastus
von Hohenheim, conocido como Paracelso. Al crecer en una región
minera se había familiarizado con las propiedades de los metales
y sus compuestos, que según él eran superiores a los remedios
de hierbas utilizados por los médicos ortodoxos. Paracelso pasó
la mayor parte de su vida disputando violentamente con los médicos
de la época, y en el proceso fundó la ciencia de la iatroquímica
(uso de medicinas químicas), precursora de la farmacología. Él
y sus seguidores descubrieron muchos compuestos y reacciones químicas.
Modificó la vieja teoría del mercurio-azufre sobre la composición
de los metales, añadiendo un tercer componente, la sal, la parte
terrestre de todas las sustancias. Declaró que cuando la madera
arde "lo que se quema es azufre, lo que se evapora es mercurio
y lo que se convierte en cenizas es sal". Al igual que con la
teoría del azufre-mercurio, se refería a los principios, no a
las sustancias materiales que responden a esos nombres. Su hincapié
en el azufre combustible fue importante para el desarrollo posterior
de la química. Los iatroquímicos que seguían a Paracelso modificaron
parte de sus ideas más extravagantes y combinaron las fórmulas
de él con las suyas propias para preparar remedios químicos. A
finales del siglo XVI, Andreas Libavius publicó su Alchemia que
organizaba el saber de los iatroquímicos y que se considera a
menudo como el primer libro de química.
En la primera mitad
del siglo XVII empezaron a estudiar experimentalmente las reacciones
químicas, no porque fueran útiles en otras disciplinas, sino más
bien por razones propias. Jan Baptista van Helmont, médico que
dejó la práctica de la medicina para dedicarse al estudio de la
química, utilizó la balanza en un experimento para demostrar que
una cantidad definida de arena podía ser fundida con un exceso
de álcali formando vidrio soluble, y cuando este producto era
tratado con ácido, regeneraba la cantidad original de arena (sílice).
Esos fueron los fundamentos de la ley de conservación de la masa.
Van Helmont demostró también que en ciertas reacciones se liberaba
un fluido aéreo. A esta sustancia la llamó gas. Así se demostró
que existía un nuevo tipo de sustancias con propiedades físicas
particulares.
En el siglo XVI
los experimentos descubrieron cómo crear un vacío, algo que Aristóteles
había declarado imposible. Esto atrajo la atención sobre la antigua
teoría de Demócrito, que había supuesto que los átomos se movían
en un vacío. El filósofo y matemático francés René Descartes y
sus seguidores desarrollaron una visión mecánica de la materia
en la que el tamaño, la forma y el movimiento de las partículas
diminutas explicaban todos los fenómenos observados. La mayoría
de los iatroquímicos y filósofos naturales de la época suponían
que los gases no tenían propiedades químicas, de aquí que su atención
se centrara en su comportamiento físico. Comenzó a desarrollarse
una teoría cinético-molecular de los gases. En esta dirección
fueron notables los experimentos del químico físico británico
Robert Boyle, cuyos estudios sobre el 'muelle de aire' (elasticidad)
condujeron a lo que se conoce como ley de Boyle, una generalización
de la relación invrsa entre la presión y el volumen de los gases.
A finales del renacimiento
con el nacimiento de la química moderna, la alquimia se había
transformado en una ciencia con objetivos religiosos ocupando
su lugar la química moderna que llevaría a cabo descubrimientos
sorprendentes durante los siglos 18, 19 y 20.
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