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Para
que actué con máximo poder debe llevarse oculto colgado del cuello
prendido con un alfiler de gancho en la ropa interior, preferentemente
del lado izquierdo del cuerpo.
Los más efectivos
son los de coral rojo. También protege las casas y los vehículos.
Durante la Edad
Media numerosas piedras eran tenidas por eficaces contra el mal
de ojo. Entre ellas la más buscada era el coral. En el siglo XVIII,
el rey de Nápoles, Fernando I, llevaba entre sus ropas, a modo
de amuleto un pedacito de coral. Cuando estaba frente a alguien
que le hiciera sospechar que fuera "jettatore",
sacaba el coral y se lo ponía en la cara, anulando así la fuerza
de esa mirada.
También por esa
época eran apreciados anti mal de ojos algunos insectos, fundamentalmente
los escarabajos. A tal punto que en Francia, hacia el fin del
reinado de Napoleón, era sumamente raro encontrar en las fiestas
del pueblo a algún ciudadano que no llevara prendido del chaleco
o de la camisa a alguno de estos coleópteros a manera de talismán.
Tal vez el amuleto más conocido para alejar la yeta o el mal de
ojo sea la mano cornuda, los populares cuernitos, en realidad
una mano talismánica.
Esta manera de
defenderse puede llevarse encima, como un colgante, en general
de coral, o realizar el gesto a la manera italiana (el dedo índice
y el anular extendidos y el resto contenidos por el pulgar) en
el momento en que se haga necesario.
También el cuerno
(uno solo) es llevado como colgante para preservar de ojeaduras
a los niños o las embarazadas. En Calabria se pintaban cuernos
retorcidos en la fachada de las casas o de los establecimientos
comerciales.
La evolución de
las creencias populares, hizo que en la actualidad, en el mundo
latino, se asocien los cuernos con la infidelidad de la pareja.
En Toscana, el coral es la fórmula mágica para alejar el mal de
ojo. Se ata una pequeña bola de ese material al cuello de los
niños recién nacidos, y a veces las madres llegan a beber agua
con coral molido o hervido, antes de dar de mamar a sus pequeños.
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