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el
denominado Udyat o Udjat u Ojo de Horus, significa: El que
está completo.
El Ojo de Horus
es un poderoso talismán contra cualquier maleficio. El Ojo de
Horus potencia el dinero, trabajo, amistad, familia y amor.
Estimula las facultades
de intuición para conseguir nuestros deseos.
El Ojo de Horus
es el ojo que todo lo ve. Es un símbolo poderoso y protector de
salud, fortaleza y sabiduría. Se comenzó a utilizar como amuleto
cuando Horus le devolvió la vida a Osiris con él.
Hay también numerosas
alusiones a un antiguo mito según el cual el ojo de Horus fue
desgarrado en fragmentos, como el cuerpo de Osiris, por el maligno
Seth, pero más tarde fue encontrado y milagrosamente recompuesto,
y 'rellenado' por el dios ibis Thoth, para convertirse de nuevo
en el 'Sano' o 'Completo' el ojo-Udjat
Era uno de los
más poderosos amuletos, que
protegía especialmente la incisión practicada en la momia para
extraer sus órganos. Al ojo se le representó, desde hace miles
de años, con un círculo con un punto en el centro, el mismo símbolo
que representa al Sol y, por lo tanto, representa el poder de
lo eterno, que no cambia con el tiempo. Por
eso, este talismán ayuda a lograr una posición y estabilidad,
otorgando fijeza de objetivos. Proporciona fuerza, coraje y sabiduría.
Fue muy usado en
collares para proteger de miradas envidiosas
Hoy en día también
sigue considerado como un fuerte amuleto que potencia la vista,
contrarresta los efectos del mal de ojo, protege a los difuntos
y es un remedio contra las enfermedades de todo tipo.
En Egipto encontramos
muchos ejemplos donde el ojo juega un papel fundamental pero,
quizá, entre todos ellos, el que se ha convertido en el más popular
llegando incluso a reproducirse en la joyería moderna, es el denominado
Udyat u Ojo de Horus, cuyo significado es: el que está completo.
La asociación entre
el Ojo Udyat y el dios Horus se percibe a través de una de las
leyendas más importantes que se recogieron en el Valle del Nilo,
donde se narran las batallas que personificó en contra de su tío
Seth.
Horus era el hijo
de Osiris, un dios que había sido asesinado por su hermano Seth.
Cuando Osiris resucitó y pasó a presidir el Más Allá, su hijo
se convirtió en el vengador de su padre y acometió toda una serie
de luchas contra Seth, el asesino de su progenitor. En estos encarnizados
combates Horus siempre salió victorioso pero, en el transcurso
de las mismas ambos contendientes sufrieron heridas y pérdidas
vitales, entre ellas la mutilación del ojo izquierdo de Horus
(o los dos dependiendo de la versión del mito) y la amputación
de los testículos de Seth. Gracias a la intervención del dios
Thot el ojo de Horus pudo ser sanado y sustituido por el Udyat,
para que el dios recuperara la visión. Este ojo estaba dotado
de unas cualidades magníficas.
Por otro lado,
desde el Reino Antiguo hasta el fin de la civilización faraónica,
las leyendas cuentan que los dos ojos de Ra estaban vinculados
uno a la luna (el Udyat) y el otro al Sol y en el terreno mitológico
se explicó del modo siguiente: las fases lunares respondían a
los periodos de curación del Ojo de Horus, manifestándose en la
Luna Llena el momento en que éste había sanado por completo y
en la Luna Nueva cuando había sufrido el daño. Por ello, éste
momento se consideró peligroso, ya que fue el instante en que
Horus había perdido la visión y causa por la cual el astro no
podía manifestarse en el firmamento nocturno. Es decir que, mediante
el Udyat, se aseguraba y garantizaba el buen funcionamiento del
cosmos, entendido como el buen discurrir del circuito diurno del
Sol y las fases cíclicas de la Luna. Todos estos acontecimientos
y sobre todo la mágica sustitución del milagroso Ojo de Horus,
determinaron su uso para la protección y curación de enfermedades
relacionadas con los ojos.
Sobre los relieves
egipcios es frecuente encontrar la ofrenda del Ojo a los dioses,
es más, era la ofrenda por excelencia, un distintivo de orden
que podía ponerse en paralelo con la ofrenda de Maat. El propio
Horus (o el rey como encarnación terrestre del dios) era el encargado
de presentarlo ante la boca de su padre Osiris para lograr su
“cura”, es decir, para obtener su resurrección, logrando el buen
funcionamiento del mundo divino y terrestre.
Sarcófagos, amuletos,
cetros, piezas de joyería, estelas, barcas y remos, etc, son algunos
de los soportes donde encontramos este curioso órgano que, para
los Antiguos Egipcios, estuvo vinculado a conceptos de totalidad,
luz, salud y curación pero que, además, servía como un poderoso
instrumento de protección contra el mal de ojo, propiciador de
la buena suerte y guardián contra las fuerzas hostiles que pudieran
acosar tanto al difunto como al hombre vivo.
Lo encontramos
grabado, por ejemplo, en las plazas protectoras que se colocaban
sobre la incisión que se practicaba a la momia, un lugar especialmente
peligroso ya que, al ser una abertura “arficial” era un punto
susceptible para que las fuerzas del mal pudieran atacar al difunto,
provocando la putrefacción y por tanto, la imposibilidad de qué
el individuo disfrutara de vida eterna. También grabado o pintado
sobre la superficie lateral de los sarcófagos, servía para que
el difunto tuviera garantizada la posibilidad de ver tras la muerte,
pudiendo observar el viaje que debía realizar por el cielo. En
definitiva, el Udyat fue un elemento de protección muy poderoso
y como tal su número en la iconografía egipcia es más que significativo.
Además de Horus,
en Egipto encontramos a algunos dioses que también llevaron la
ofrenda del Ojo. Nos estamos refiriendo por ejemplo al dios Iah,
manifestación de la luna, o al dios Nefertum que como encargado
de los alimentos que se depositaban en las ofrendas, llevaba también
el ojo en sus manos.
Finalmente y unido
al mito tenemos a dos manifestaciones de Horus: Jentyirty y (Me)jentyirty,
ambos personifican al dios halcón con el ojo sano en el primer
caso y enfermo, en el segundo.
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