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Aunque
la tradición de la Cafeomancia se le adjudica a los franceses
del siglo XVII, debemos remontarnos a un origen indeterminado,
en el continente africano y también en el asiático.
Sin embargo, la
idea más arraigada dice que esta mancia en realidad nos
llega desde las lejanas Persia y Arabia.
Aunque la tradición
de la cafeomancia se la adjudica a los franceses del siglo XVII,
según parece, la costumbre de escudriñar lo que podía marcar un
tazón que había contenido café es bastante más antigua. Posiblemente
debemos remontarnos a un origen indeterminado en el continente
africano y también en el asiático.
Desde allí, los
viajeros y comerciantes europeos lo exportaron a otros países,
aunque la primera obra conocida que aborda el tema, corresponde
a un adivino florentino, Tomás Tamponelli.
Él fue quien redactó
un sencillo manual de cafeomancia allá por el siglo XVII. También
sabemos que las cortes de los zares de Rusia, y los caravasares
(albergues en los que descansaban las caravanas) eran lugares
donde la práctica de la cafeomancia. Se trataba de una buena excusa
para pasar un rato agradable y desvelar el futuro.
La CAFEOMANCIA
es un arte milenario, cuyos orígenes se pierden en el tiempo;
al parecer, el café fue introducido en Armenia mucho antes que
en Europa, llevado desde La Meca por mercaderes etíopes hacia
el año 1500.
Hay un viejo proverbio
armenio que dice: "Toma esta taza y que Dios te haga Hablar".
La CAFEOMANCIA, "SURCH TARTZNEL" en idioma armenio, es el arte
de la adivinación o precognición por medio de la borra que deja
un pocillo de café. Y decimos su nombre en armenio, que significa
textualmente "dar vuelta el café", porque en esa comarca se rastrean
los más antiguos recuerdos sobre esta forma de la magia blanca.
Cuando ello ocurría,
ya en todo Oriente se hacían predicciones, fundamentalmente con
sal. El hombre siempre ha encontrado en esa simbología una suerte
de escritura y, desafiado, se ha visto impelido a descifrarla.
Al menos en Armenia, la introducción del café incentiva ese interés;
no sólo por su condición de estimulante sino incluso por un color
que aporta su buena dosis de misterio. En cierto modo, es como
penetrar en la oscuridad.
Leer la borra es
una ciencia como leer los jeroglíficos; los simbolismos se transmiten
de padres a hijos, pero además se necesita tener un sexto sentido,
o un séptimo velo todavía. Y además se necesita tener una predisposición
total, una gran percepción extrasensorial, como dicen los parapsicólogos.
Toda anciana armenia que se precie sabe discifrar las misteriosas
figuras que se forman en las paredes de un pocillo de café preparado
"a la turca" y predecir por ellas el porvenir.
Para la realización
de este antiquísimo arte no se utiliza cualquier tipo de café,
debe emplearse un café especial, molido impalpable.
De otro modo, la
borra no se forma. Después de prepararlo según fórmulas habituales,
el café se vierte en las clásicas cafeteras orientales y se sirve
como cualquier otro.
Luego hay que beberlo
a pequeños sorbos, dejándolo reposar. De este modo termina por
quedar un sedimento que, mediante un breve manipuleo, se traslada
a la paredes del pocillo. Una vez que se han adherido definitivamente
(de ahí la necesidad de aguardar alrededor de diez minutos) los
grumos forman figuras a interpretar.
En la interpretación
hay un par de reglas inmutables. La borra adherida a las paredes
indica el futuro mediato o inmediato, según que se encuentre a
la izquierda o a la derecha del asa. Esa es una regla. La otra
se refiere al significado de las figuras: una cuchara, por ejemplo,
siempre significará abundancia.
La lectura de la
borra del café es un secreto que, desde épocas inmemoriales, los
armenios se vienen trasmitiendo de generación en generación.
Es una trasmisión
verbal, no escrita; las figuras tienen un significado que no cambia,
pero el lector debe interpretarlas. Su campo de acción no se agota
en la mera lectura, sino que se aproxima a la ciencia y a la psicología.
De ahí que la CAFEOMANCIA sea, más que un oráculo, un test realizado
entre dos personas: el paciente y el lector.
Con los símbolos
que se forman en la borra del café y sus significados, se crea
un arte de adivinación que tiene fanáticos y razonables estudiosos
y que arrastra una tradición que se empalma con los primeros recuerdos
de los armenios que descubrieron el encantador vicio del café.
El inocente café
que nos preparamos por la mañana, o el que degustamos tras la
comida, puede ser un interesante y fácil método de pronóstico
y observación.
El azar y la influencia
que genera quien degusta el café, provocan que en la taza y también
el plato queden restos o señales que nos desvelen dudas y aclaren
conceptos. La cafeomancia es el arte adivinatorio encargado de
analizar todo lo relativo al café.
Fuentes:
Aturquia
- Entorno
Médico - latitud
31 - Pitonisas,
la guía esotérica de internet
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