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Los emplazamientos
megalíticos son numerosos a través de Europa, la península Ibérica,
Westfalia, Hesse, la cuenca parisina, Provenza, Bretaña... pero
la mayoría son identificados como sepulturas. En Antequerra (España)
como en New Grande (Irlanda) o en Castelet (Provenza), túmulos
y dólmenes encierran siempre una o varias cámaras funerarias.
Sin embargo, al
igual que Carnac, Stonehenge escapa a la regla. Ni pasillos ni
cámaras funerarias: el monumento tiene ciertamente otro fin. Fuera
de la hipótesis del observatorio astronómico, las explicaciones
más diversas han sido propuestas. Desde la consideración de civilizaciones
más avanzadas... hasta otras hipótesis, como las que admiten,
dentro de la tradición druídica, que Stonehenge podría haber sido
un gigantesco generador de energía, un nemetón. Este se formaría
mediante la creación de una cadena humana alrededor del monumento
en cada solsticio, para captar la energía y cargarse de ella siguiendo
ciertas pautas rituales.
El monumento fue
construido en cuatro fases con piedras de diferentes orígenes.
Algunas provienen de Avenbury, a una treintena de kilómetros al
noroeste, otras de los montes Prescelly en el País de Gales, a
más de 200 kilómetros de Stonehenge, y de Mildford Haven, a 250
kilómetros. Las piedras azules -riolitos- incorporadas a la construcción
a principios de la Edad del Bronce (segundo milenio a C), vendrían
de Irlanda. Cada monolito pesa más de 50 toneladas y el conjunto,
varios miles de toneladas: ¿Cómo pueblos de fines del Neolítico,
de apenas algunos centenares de individuos, pudieron traer tales
cargamentos con medios primitivos? ¿Y por qué haber ido tan lejos
en busca de bloques de diferentes rocas?
El emplazamiento
de Stonehenge fue elaborado según un plan extremadamente preciso.
Una zanja circular de 4 m. de ancho por 1,50 m. de profundidad
forma un primer anillo de un centenar de metros. Al interior,
sobre el talud, un segundo anillo está dibujado por 56 agujeros,
conocidos por el nombre de Agujeros de Aubrey, derivado del nombre
de uno de los primeros exploradores del emplazamiento (1650).
Siempre concéntricos,
otros dos anillos revelan cada uno 30 y 29 agujeros: éstos contienen
osamentas humanas quemadas. Luego viene la parte monumental de
la obra: dos círculos de piedras erguidas cubiertas de dinteles
encerrando otras dos filas dispuestas en forma de herradura. Otras
cinco piedras se levantan aisladas: dos, en la zona del anillo
de los agujeros de Aubrey (piedras de estación destinadas a ser
cambiadas de posición), una exterior, en la galería que conduce
al monumento (piedra de talón, llamada así por su forma), una
piedra de sacrificio a la entrada y un altar al centro.
El monumento: su ubicación
y su forma
En Wiltshire, Inglaterra,
se encuentra Stonehenge, el monumento megalítico más extraordinario
y enigmático del mundo. Desde la Antigüedad, Stonehenge ha despertado
la atención y admiración de los visitantes por su extraña y sorprendente
arquitectura. No hay actualmente nada en el mundo que en manera
alguna pueda compararse a este misterioso santuario, construido
simplemente con grandes bloques rectangulares de piedra.
Los autores británicos
John Aubrey y William Stukeley, a fines del siglo XVII y a principios
del XVIII, contribuyeron fuertemente a mantener la imagen de Stonehenge
como un templo druídico y sitio importante de la cultura celta.
Pero, aunque fue sin duda el sitio utilizado por los druidas para
sus ceremonias, los pesados megalitos estaban ahí mucho antes
de la llegada de los celtas a tierras británicas, y los misterios
de Stonehenge no tienen ninguna necesidad de este aporte para
seguir siendo apasionantes.
Aunque hoy día
se sepa que los celtas no son los constructores, éstos tuvieron
en todos los tiempos un gran respeto por Stonehenge. El primer
texto que menciona el sitio con exactitud se encuentra en la Historia
Regnun Britanniae de Geoffroy de Monmouth (1136), uno de los autores
del ciclo arturiano. Entremezclado con la leyenda, Stonehenge
aparece como una creación del druida Merlín que, por obra de la
magia, habría traído las piedras desde Irlanda. Luego habría utilizado
las fuerzas vitales del lugar para despertar al dragón... e, igualmente,
lo habría convertido como el lugar en el que los nobles de Inglaterra
habrían prestado su juramento al rey Arturo.
En primer lugar,
no debe extrañar que el monumento haya sido precisamente erigido
en la llanura de Wiltshire, pues, como hacen notar frecuentemente
los geógrafos, este región es la más elevada de las planicies
del sur de Inglaterra que la rodea. Y fue en esta alta planicie
en donde se levantaron los mayores campamentos prehistóricos.
Por entonces las tierras bajas de Gran Bretaña eran del todo inhabitables,
principalmente a causa de los espesos bosques de robles que las
cubrían. Por este motivo, los primitivos agricultores buscaron
para el cultivo los altos collados de tierras arcillosas y calcáreas,
en donde el blando suelo de escaso grosor podía fácilmente ser
trabajado, parcelando el terreno en pequeños prados para cultivar
el trigo y otros granos.
Stonehenge está
constituido por grandes bloques rectangulares de piedra ordenados
en circulo, formando dinteles. Lo hallamos situado en el centro
de un terreno rodeado por una zanja bastante profunda. La tierra
sacada de esta excavación forma un ligero terraplén hacia el interior
del círculo, interrumpido por una entrada bastante ancha en su
lado Nordeste.
A continuación
de la zanja circular, hacia el interior del circulo de tierra,
hay 56 hoyos circulares formando una circunferencia o anillo en
torno al monumento. La mitad de estos hoyos o fosas -llamados
de Aubrey desde el siglo XVII, en honor de su descubridor- han
sido excavados y marcados con cal, destacándose alrededor de Stonehenge
como un enorme collar de grandes perlas blancas. Estos hoyos parecen
tapar túmulos de enterramientos, sin urnas ni objetos funerarios,
pero con señales de cremación, como si se hubiesen utilizado para
determinados sacrificios o ceremonias en honor de ignorados dioses.
En el Interior de este círculo de hoyos se encuentra enclavado
el conjunto arquitectónico de monolitos de Stonehenge, que consta
de dos partes: un círculo exterior de unos 34 m. de diámetro y
una construcción interior en forma de herradura.
Al principio, cuando
el monumento no había sido deteriorado por el paso del tiempo
y por los continuos saqueos de los habitantes de la zona que acudían
a ese santuario para llevarse las piedras, el círculo estaba formado
por 30 columnas unidas por un dintel continuo de bloques cortos,
los cuales montaban encima de las columnas o monolitos de tal
manera que cada uno se apoyaba en dos columnas consecutivas. Todas
estas columnas o menhires son de sarsen, una clase de piedra arenisca
que se encuentra en los Marlborough Downs, a unos 30 km. al norte
de Stonehenge, y cada uno de ellos pesa alrededor de 25 toneladas.
Los bloques colocados encima, formando el dintel, también son
de sarsen y pesan alrededor de 7 toneladas cada uno. La construcción
interior, en forma de herradura, es un conjunto de cinco trilitos
de sarsen. Cada una de ellos consiste en dos menhires de unas
45 toneladas, coronados por un enorme bloque que forma el dintel.
Como puede comprenderse,
ese peristilo de monolitos y la herradura interior causan admiración
no sólo por su grandeza sino por la precisión y finura del trabajo
que ejecutaron sus misteriosos constructores. Producen también
grata impresión a la vista por su coloración gris y la erosión
producida por la acción del agua y el viento en el transcurso
de los siglos.
Las Piedras Azules
El conjunto formado
por el circulo exterior y la herradura interior que hemos descrito,
está repetido a una escala mucho más pequeña con piedras azules,
de las cuales quedan muy pocas hoy día. Estas piedras, o bloques,
son bastante menores que las de sarsen y no tienen la finura del
trabajo de las mismas.
Lo que llama más
la atención en estas piedras azules es que son rocas -principalmente
doleritas y riolitas volcánicas- que solamente se encuentran en
cantidad en los montes de Presely, en el extremo oeste del país
de Gales. Esto da idea del esfuerzo físico y las dificultades
que tuvieron que vencer los constructores de Stonehenge para trasladarlas
hasta Wiltshire. Al mismo, tiempo es una muestra de la importancia
y veneración que debían sentir aquellos hombres prehistóricos
por esas piedras azules, cuyo significado ha escapado a los estudios
más profundos de los sabios de todos los tiempos.
Por su parte, los
grandes bloques de piedra sarsen también reflejan el colosal trabajo
y esfuerzos que debieron desplegar sus constructores, tanto para
elevarlas como para pulirlas y recortarlos, pues era una época
en la que el hombre sólo contaba con la fuerza de sus manos y
su joven astucia para realizar tan colosales construcciones. Es
por eso que, al ver Stonehenge, uno piensa que esto no puede ser
de nuestro mundo.
¿ Quién construyó Stonehenge ?
Es indiscutible
que, inmediatamente después de la conquista de Inglaterra por
los normandos, Stonehenge era ya conocido y venerado como una
de las maravillas de Bretaña. El famoso historiador del siglo
XII, Geoffrey de Monmouth, obispo de San Asaph, indicó que las
famosas piedras habían sido llevadas a las llanuras de Wiltshire
desde Irlanda, por el mago Merlín, en los días de Ambrosio, tío
del rey Arturo. Posteriormente, según el historiador, los círculos
de menhires sirvieron de lugar de enterramiento para Ambrosio
y su hermano Pendragón, padre del Rey Arturo.
Esta leyenda fue
desvaneciéndose con el paso del tiempo para, en el siglo XVIII,
quedar completamente desacreditada. Pero en cambio, increíblemente,
se atribuyó a los druidas, sacerdotes celtas, la fundación del
singular monumento, que debieron utilizarlo para rendir culto
al Sol y señalar las estaciones. Más tarde se atribuyó a los romanos,
a los fenicios, a los daneses... Hoy en día, gracias a los análisis
del carbono C-14, se ha podido datar su antigüedad en el 1845
a C, por lo que todas esas leyendas y teorías han tenido que desaparecer,
dejando paso a lo que parece ser la verdadera historia de Stonehenge.
Hacia el año 1800
a C, el sur de Inglaterra estaba poblado por pueblos neolíticos
secundarios, los cuales han dejado algunos rastros de sus probables
campamentos en las cercanías de Stonehenge. Se supone que debieron
iniciar la construcción del monumento como santuario religioso,
excavando la zanja circular y los hoyos de Aubrey por medio de
astas de ciervos y huesos de animales. Por huesos humanos calcinados
en esos hoyos, se cree que se utilizaban como tumbas o, quizás,
como lugares de sacrificio y ofrendas a sus dioses.
Un siglo más tarde,
alrededor del 1700 a C, Inglaterra fue invadida desde Holanda
y la comarca del Rin por los llamados pueblos de la cerámica campaniforme.
Estos pueblos, procedentes de la Península Ibérica, se hablan
extendido por casi toda Europa. Conocían el metal, principalmente
el cobre, el oro y el bronce, por lo que no tuvieron muchas dificultades
para imponerse a los naturales, a quienes inculcaron su religión
y costumbres. Fue entonces cuando, al prestar atención al iniciado
santuario de Stonehenge, decidieron crear un monumento a sus dioses
en aquel lugar sagrado, por lo que procedieron a traer las piedras
azules desde las costas de Pembrokeshire, en Gales.
Por aquella época
se colocaron unas 80 piedras azules en el centro del monumento,
formando dos círculos, en los que había una entrada al Nordeste,
en dirección al punto de solsticio de verano, o sea el punto por
donde salía el Sol el 21 de junio. Por causas que se desconocen,
la construcción de estos círculos de piedras azules quedó interrumpida,
quedando por colocar las piedras de la entrada, cuyos hoyos ya
estaban excavados. Lo más probable es que alguna guerra con los
pueblos que a finales del Neolítico ya poblaban las Islas Británicas,
obligara a dejar abandonado el templo. Posteriormente, Stonehenge
pasó por diversas fases de renovación y construcción, cuyas fechas
son imposibles de precisar. No obstante, se cree que unos 1500
años a C quedó terminado en la forma que se ha conservado hasta
nuestros días. Primeramente se deslizó el circulo exterior de
piedras azules y, en su lugar, se colocaron los menhires y dinteles
de sarsen. Dentro de este círculo se erigió la herradura de trilitos.
¿ Obra de Los Hiperbóreos ?
Las piedras de
Stonehenge son tan grandes que se diría que fueron levantadas
por una raza de gigantes desaparecidos después de los primeros
tiempos. Una tradición relaciona estos gigantes míticos a otro
pueblo igualmente legendario: los hiperbóreos.
En la mitología
griega, los hiperbóreos, que adoraban al dios Apolo, habitaban
en el extremo norte de Europa. El historiador Diodoro de Sicilia
(siglo I a.C.) evoca incluso un sitio que podría ser Stonehenge:
Hay en la isla un recinto de Apolo y un templo ilustre, (...)
los encargados son llamados boreades (...). El dios visita la
isla cada 19 años, período durante el cual las estrellas vuelven
a estar en el mismo lugar en el cielo.
De hecho, los hiperbóreos
son probablemente los iberos, ya que es en Portugal donde se encuentran
las primeras alineaciones megalíticas. Una migración diseminó
a este pueblo a lo largo de las costas (golfo de Gascuña, Bretaña)
hasta Irlanda e Inglaterra, donde erigieron por primera vez un
fantástico círculo de piedras.
¿ Un Santuario Astronómico ?
La utilidad astronómica
de Stonehenge para sus constructores sigue siendo un misterio.
Se ha considerado, no obstante, que se usaba como un observatorio
práctico, es decir, que sus piedras y dinteles estaban colocados
de manera que se pudiera seguir el curso del Sol en el cielo y,
por tanto, marcar el principio de las correspondientes estaciones.
Algunos autores han creído incluso que gracias a Stonehenge se
podían conocer las fases de la Luna y los eclipses de Sol.
Lo cierto es que
si uno se coloca en el centro del monumento y mira en dirección
a una piedra denominada Heel Stone, ve enseguida que la cima de
esta piedra coincide con el horizonte, y si para ello se escoge
el día del solsticio de verano, 21 de junio, el Sol sale casi
justo por encima de la piedra. ¿Una casualidad? ¿Una prueba del
uso del santuario?
El problema fue
determinar si la Piedra del Tacón había sido emplazada en aquel
lugar precisamente para que su cúspide coincidiese con el Sol
naciente en determinado momento del año. Después de laboriosos
cálculos astronómicos se llegó a la conclusión de que el Sol debía
aparecer por la avenida central y exactamente en lo alto de la
piedra en el año 1840 a C, fecha que coincide con la de la fundación
de Stonehenge, por lo que debe darse por cierto que este santuario
estaba estrechamente ligado a la observación del Sol. Quizás el
futuro nos reserve la revelación de nuevos detalles y misterios.
Tampoco falta quien
niegue rotundamente que los pueblos de la cerámica campaniforme
fueran los constructores de Stonehenge, principalmente porque
carecían de la suficiente imaginación para crear una cosa de tal
naturaleza. Lo más probable, entonces, es que esos pueblos encontraran
el monumento ya levantado y lo aprovecharan para el culto a sus
dioses, igual a lo que hicieron posteriormente los druidas. Pero
si aceptamos esta teoría nos quedamos con el gran misterio: ¿quién
construyó Stonehenge?
Los numerosos restos
humanos encontrados en el lugar indican que el sitio sirvió a
menudo, a lo largo de los siglos, como lugar de sepultura. Sin
embargo, todo muestra que esa no fue su primera finalidad. En
efecto, después de 1961, el plano del monumento fue estudiado
por el científico Gerald Hawkins, profesor de astronomía de Cambridge,
y Fred Hoyle, especialista en astrofísica del Californian Institute
of Technology. Su tesis es que, para un observatorio ubicado en
el centro de la construcción, los megalitos se observan en líneas
de mira para realzar fenómenos astronómicos. Los círculos de agujeros
corresponderían al sistema simple de una máquina calculadora gigantesca
y primitiva pero de una precisión sorprendente.
El anillo de los
agujeros de Aubrey se relaciona con el ciclo de los eclipses lunares:
Hawkins muestra incluso que corriendo cada año seis piedras de
un agujero se pueden prever todos los eventos lunares para períodos
muy largos. Finalmente, distintos ángulos entre las piedras solitarias
definirían los solsticios y los equinoccios, las salidas y las
puestas del Sol y de la Luna. Los razonamientos de Hawkins y Hoyle,
incontestables en el plano astronómico, son sin embargo criticados
por los arqueólogos. La multiplicidad de épocas de construcción
parece contradecir la teoría de un observatorio construido con
conocimiento de causa.
¿Pero por qué el
mismo objetivo no habría podido ser perseguido durante varios
siglos, con un perfeccionamiento progresivo del sistema? Además,
la simbología del círculo (el Sol) y la de la herradura (el menguante
de la Luna) abogan en favor de los astrónomos. Parece que hoy
día no existirían contradicciones entre las constataciones de
los arqueólogos y los astrónomos y, en todo caso, muchos concuerdan
en reconocer que la precisión en los emplazamientos de los megalitos
es demasiado grande para ser solo fruto del azar.
Realmente, aunque
no queramos, hemos de reconocer que ese monumento es tan extraordinario
por la época y lugar de su aparición, que no podemos dejar de
relacionarlo con civilizaciones más avanzadas que los pueblos
de la cerámica campaniforme. ¿Pero qué civilizaciones? Éste es
el gran enigma: no encontramos ninguna a la cual atribuirle ese
monumento. Y la conclusión final es todavía más sorprendente:
¿seres de otro mundo? Podría ser una explicación, sobretodo por
la utilidad astronómica que parece tener, utilidad que no ha sido
nunca bien explicada, quizá porque siempre se ha buscado en él
las creencias de los pueblos de la cerámica campaniforme y no
las posibilidades de otras civilizaciones superiores.
Otro hecho intrigante
es que todos los monumentos y construcciones enigmáticos de las
civilizaciones desaparecidas de Europa y América estén dedicados
al Sol. ¿Hay algo en común entre la misteriosa civilización que
construyó Stonehenge y la que parece haber dejado su sabiduría
a los antiguos egipcios, aztecas y mayas? ¿Sirven sus monumentos
más como un observatorio guía para extraños viajes, quizá siderales,
que para templos de adoración? Esperemos que las modernas investigaciones
echen un poco de luz sobre tantos misterios.
Hoy en día, este
enigmático monumento megalítico está bajo la protección especial
del Estado, que se ha encargado de restaurar sus partes más importantes,
en un notable esfuerzo para impedir que desaparezca ese santuario
que nos habla de las civilizaciones que nos han precedido y han
desaparecido, dejándonos decenas de misterios sin resolver.
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