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En el Evangelio de
Bernabé, el principal intento es probar que Mahoma es el
Mesías y que el islam es la única religión verdadera.
A pesar de que ninguno
de los Evangelios oficialmente aceptados hoy en día la autenticidad
del Evangelio de Bernabé sigue siendo cuestionada por la Iglesia
establecida porque su contenido contradice los dogmas oficiales
en varios puntos fundamentales han sido autentificados objetivamente
(en su lugar se proclama de forma aplastante que son "inspirados
por la divinidad"), el "Evangelio de Bernabé" continúa siendo
una lectura fascinante, en especial porque parece ser el único
Evangelio superviviente escrito por un discípulo cercano a Jesús,
la paz sea con él, durante los tres años en los que éste divulgó
su mensaje. Bernabé disponía de una experiencia directa y de un
conocimiento de la enseñanza de Jesús que no tenían parangón con
los autores de los otros cuatro Evangelios oficialmente aceptados.
No se sabe cuándo escribió lo que recordaba de Jesús y su enseñanza;
no se sabe si los acontecimientos y los discursos fueron registrados
al mismo tiempo que tenían lugar o si lo hizo poco después de
que Jesús abandonara la tierra, llevado por el temor de que la
enseñanza fuera alterada o se perdiera para siempre. Es posible
que no escribiera nada hasta su regreso del viaje a Chipre con
Juan Marcos. Como ya hemos visto, este viaje tuvo lugar poco tiempo
después de la desaparición de Jesús y una vez abandonada la compañía
de Pablo de Tarso; éste último había rehusado emprender cualquier
otro viaje con Bernabé en el que Marcos estuviera presente. Pero
sin que nos importe cuándo fue escrito y a pesar de que, como
los otros cuatro Evangelios aceptados, también sufriera las traducciones
a varios idiomas, el Evangelio de Bernabé sigue siendo una relación
de la vida de Jesús narrada por un testigo presencial. Tanto los
que tienen un interés personal en "demostrar" que el "Evangelio
de Bernabé" es una falsificación, como los que quieren averiguar
la verdad sin importar cual sea, todos afirman con prontitud que
aunque los primeros padres de la iglesia mencionan a menudo en
sus escritos el Evangelio de Bernabé, ello no implica necesariamente
que lo que parece ser una traducción al italiano del siglo XVI
que está en la Biblioteca Imperial de Viena, sea necesariamente
una traducción fidedigna del original escrito en el siglo I. Es
evidente que durante los siglos intermedios se han podido introducir
todo tipo de cambios. Debe señalarse también que esta observación
es aplicable por igual a los cuatro Evangelios oficialmente aceptados
(los manuscritos más antiguos, que son la base de los textos actuales,
están escritos en griego no en hebreo o arameo y están fechados
en el siglo IV d.C., tres siglos después de que la probable redacción
original tuviera lugar). Esta posibilidad nunca ha sido considerada
con detalle por la Iglesia establecida dado que su autoridad habría
sido seriamente dañada como resultado de esta observación. Por
otro lado también se puede argumentar que, sopesadas las probabilidades,
si los cuatro Evangelios aceptados son más o menos precisos, lo
mismo puede decirse del "Evangelio de Bernabé", puesto que gran
parte de su contenido tiene mucho en común con los cuatro Evangelios
aceptados, estando incluso a menudo de acuerdo. No obstante hay
dos diferencias fundamentales entre el "Evangelio de Bernabé"
y los otros cuatro Evangelios: la narración de quién fue crucificado
y las referencias específicas a la futura venida del Profeta Muhammad
a quien Allah bendiga y conceda paz. Ambos temas aparecen en el
"Evangelio de Bernabé" pero no en los otros Evangelios. En última
instancia, la evaluación de los contenidos de cualquiera de los
Evangelios tiene que ser extremadamente subjetiva. Las palabras
mencionadas en un versículo determinado sonarán a cierto o no,
y la reacción de un lector en particular puede ser diferente a
la de otro. En lo que respecta a las menciones que se han hecho
del Evangelio de Bernabé durante los últimos dieciocho siglos
hecho que confirma la existencia del Evangelio, aunque en nuestros
días no sea ya la versión original se ha establecido sobradamente
que el Evangelio de Bernabé era aceptado como Evangelio canónico
en las iglesias de Alejandría hasta bien entrado el año 325 d.C.
Por los escritos de Irineo (130 200 d.C.), activo defensor de
la Unidad Divina, se sabe también que el Evangelio de Bernabé
circulaba entre la gente durante los siglo 1 y 11 después del
nacimiento de Jesús. Irineo se oponía a Pablo y a sus seguidores
a los que acusaba de ser responsables de la introducción, en la
enseñanza original de Jesús, de la religión pagana romana y de
la filosofía platónica. Para defender sus ideas citaba profusamente
el Evangelio de Bernabé. También es evidente, a partir de la investigación
relativamente reciente investigación conducida con el ánimo genuino
de descubrir lo que había sucedido que el conflicto surgido entre
los seguidores Unitarios de Jesús pertenecientes a la Tribus de
Israel por un lado, y por el otro los seguidores europeos de Pablo
que no pertenecían a las Tribus de Israel y cuyas vidas estaban
enraizadas en un legado cultural y filosófico diferente, tuvo
lugar en los primeros tiempos de la historia de la Iglesia cristiana
antes incluso de que los primeros cristianos comenzaran a utilizar
cada vez con más frecuencia los textos escritos en vez de lo que
se había transmitido de forma oral. En su obra, "La Biblia, el
Corán y la Ciencia", el Dr. Maurice Bucaille se refiere a estos
dos grupos con los nombres de los Judeocristianos y los cristianos
Paulinos. Su visión de los orígenes y las relaciones entre estos
dos grupos una visión a la que llegó tras una investigación exhaustiva
y un análisis detallado confirma que el conflicto entre ambos
grupos era, al menos al principio, no tanto ideológico como de
forma de comportarse, tal y como indica su resumen de un artículo
publicado por el Cardenal Daniélou en el año 1967 y en el que
se cita abundantemente el texto original del Cardenal. "Después
de la partida de Jesús, el 'pequeño grupo de apóstoles' formó
una 'secta judía que siguió fielmente la forma de adoración que
se practicaba en el Templo'. No obstante, cuando se introdujeron
las costumbres de los nuevos conversos procedentes del paganismo,
se les ofreció, en cierto modo, un 'sistema especial': el Concilio
de Jerusalén del año 49 d.C. les permitía estar exentos de la
circuncisión y otras prácticas judías; 'muchos judeocristianos
rechazaron estas concesiones'. Este grupo está claramente separado
del de Pablo. Más aún, Pablo y los judeocristianos estaban en
conflicto con respecto al tema de los paganos que se habían convertido
al Cristianismo (el incidente de Antíoca, 49 d.C.). 'Para Pablo,
la circuncisión, el Sabbath. y la forma de adoración que se practicaba
en el Templo estaban, desde ese momento, desfasadas incluso para
los judíos. El Cristianismo tenía que liberarse de esa adhesión
político religiosa al judaísmo y abrirse a los gentiles'. Para
los judeocristianos que seguían siendo 'judíos leales', Pablo
era un traidor. Hay documentos que lo tachan de 'enemigo' y lo
acusan de 'utilizar una doble táctica'... 'Hasta el año 70 d.C.,
el grupo judeocristiano representa la mayoría de la Iglesia' y
'Pablo no es más que un caso aislado'. El líder de la comunidad
en esa época era Santiago, un pariente de Jesús. Junto con él
estaban Pedro (al principio) y Juan. 'Santiago puede ser considerado
como el representante del grupo judeocristiano, grupo que se aferraba
al Judaísmo en clara oposición al Cristianismo Paulino'. La familia
de Jesús ocupa un lugar muy importante en la Iglesia judeocristiana
de Jerusalén: 'el sucesor de Santiago fue Simeón, hijo de Cleopas,
un primo del Señor'. El Cardenal Daniélou cita aquí documentos
judeocristianos que recogen la visión que tenía de Jesús la comunidad
que se formó originalmente en torno a los apóstoles: 'El Evangelio
de los Hebreos" (procedente de una comunidad judeocristiana de
Egipto), los escritos de Clemente: "Homilías y Reconocimientos",
"Hypotyposeis". el "Segundo Apocalipsis de Santiago", el 'Evangelio
de Tomás". (Debe notarse aquí que todos estos escritos serían
más tarde declarados Apocryfa, e.d.: tenían que ser ocultados
por la Iglesia nacida del triunfo alcanzado por Pablo. Esta Iglesia
suprimió partes de la literatura evangélica para quedarse sólo
con los cuatro Evangelios canónicos). 'Los judeocristianos son
los autores de los textos más antiguos de la literatura cristiana'.
El Cardenal Daniélou los menciona con todo detalle.
(Fragmento italiano)
- En el momento en que los
judíos se preparaban para ir a capturar en el huerto de
los Olivos a Jesús, éste fue arrebatado al tercer cielo.
- Porque no morirá hasta
el fin del mundo, y se crucificó a Judas en su lugar.
- Dios permitió que el discípulo
traidor pareciese a los judíos hasta tal punto semejante
en su rostro a Jesús, que lo tomasen por él, y que, como
a tal, lo entregasen a Pilatos.
- Aquella semejanza era tamaña,
que la misma Virgen María y los mismos apóstoles fueron
engañados por ella.
- Y, el día en que se publicó
el decreto del Gran Sacerdote, la Virgen María volvió a
Jerusalén con Jacobo, con Juan y conmigo.
- Y, temerosa de Dios, y
aun sabiendo que el decreto del Gran Sacerdote era injusto,
ordenó a los que residían con ella que olvidasen a su Hijo,
profeta tan santo, y muerto, sin embargo, con tanta ignominia.
- 7. Mas Dios, que
conoce lo que pasa en el corazón de los hombres, comprendía
que estábamos abrumados de dolor, a causa de la muerte de
Judas, la cual mirábamos como la de Jesús mismo, nuestro
maestro, y que experimentábamos el más vivo deseo de verlo,
después de su resurrección.
- He aquí por qué los ángeles
que guardaban a la Virgen María subieron al tercer cielo,
en que Jesús estaba acompañado de sus ángeles, y lo enteraron
de lo que ocurría.
- Entonces Jesús pidió a
Dios que le diese medios de ver a su madre y a sus discípulos.
- Y Dios, lleno de misericordia,
ordenó a cuatro de sus ángeles más queridos, Gabriel, Miguel,
Rafael y Uriel, que llevasen a Jesús a la casa de su madre,
y que lo guardasen allí durante tres días consecutivos,
no dejándolo ver por más personas que por las que creyesen
en su doctrina.
- Y Jesús, rodeado de esplendor,
llegó a la habitación en que estaba la Virgen María, con
sus dos hermanas, y Marta con María Magdalena, y Lázaro
conmigo, y Juan con Jacobo y con Pedro. Y, al verlo, fuimos
presa de tal pavor, que caímos todos al suelo como muertos.
- Mas Jesús, levantando a
su madre y a sus discípulos, dijo: No temáis, ni lloréis,
porque vivo estoy, y no difunto, como habéis creído.
- Y cada cual permaneció
largo tiempo como fuera de sí, ante el asombro de ver a
Jesús, a quien juzgaban muerto.
- Y, con grandes gemidos,
la Virgen exclamó: Te ruego, hijo mío, que me digas por
qué, habiéndote dado Dios el poder de resucitar a los muertos,
has sufrido la muerte tú, con gran vergüenza para tus parientes
y para tus amigos, y con gran oprobio para tu doctrina,
de suerte que todos los que te aman están como heridos de
estupor y de agonía.
- Mas Jesús, abrazando a
su madre, repuso: Puedes creerme, madre mía, cuando afirmo
que nunca he muerto, y que Dios me ha reservado hasta el
fin del mundo.
- Y, habiendo hablado así,
ordenó a los cuatro ángeles que se dejasen ver, y que diesen
testimonio del modo como las cosas habían ocurrido.
- Y los ángeles aparecieron
como cuatro soles deslumbrantes, y de nuevo todos los asistentes,
presa de pavor, cayeron como muertos.
- Entonces Jesús dio cuatro
velos a los ángeles para que se cubriesen, y para que, de
esta manera, su madre y sus discípulos pudiesen soportar
su aspecto, y oírlos hablar.
- Y, animándolos a ello,
dijo: He aquí a los ministros de Dios. Gabriel anuncia los
secretos divinos. Miguel combate a los enemigos del Altísimo.
Rafael recibe las almas de los muertos. Uriel, en el último
día, llamará a juicio a todos los hombres.
- Y los ángeles contaron
a la Virgen lo que Dios les había mandado, y cómo Judas
había sufrido una transformación para que sufriese la pena
que había querido infligir a otro.
- Y yo, Bernabé, dije a Jesús:
¿Me permitirás, oh maestro, dirigirte una pregunta, como
cuando habitabas entre nosotros?
- Y Jesús repuso: Pregunta,
Bernabé, todo lo que quieras, y te responderé.
- Y yo inquirí: Maestro,
puesto que Dios es misericordioso, ¿por qué nos ha atormentado
así, y por qué ha consentido que creyésemos que había muerto,
mientras tu madre te lloraba hasta el punto de hallarse
muy cerca de morir también? Y a ti, que eres el Santo de
Dios, ¿cómo éste te ha dejado expuesto a la infamia de morir
sobre el Calvario, entre dos ladrones?
- Y Jesús contestó: Créeme,
Bernabé. Siendo Dios la pureza misma, no puede ver en sus
servidores la menor falta, que no castigue severamente.
Y, como mi madre y mis discípulos me amaban con un afecto
demasiado terrestre y humano, Dios, que es justo, ha querido
castigar este afecto en el mundo mismo, y no hacerlo expiar
por las llamas del infierno. Aunque yo hubiese llevado en
la tierra una vida inocente, no obstante, como los hombres
me habían llamado Dios e Hijo de Dios, mi Padre, no queriendo
que fuese, en el día del juicio, un objeto de burla para
los demonios, prefirió que fuese en el mundo un objeto de
afrenta por la muerte de Judas en la cruz, y que todos quedasen
persuadidos de que yo había sufrido este suplicio infamante.
Y esa afrenta durará hasta la muerte de Mahoma, que, cuando
venga al mundo, sacará de semejante error a todos los que
creen en la ley de Dios.
Fuente:
Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco
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