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En su obra De viris
illustribus (c.2), San Jerónimo, hablando de Santiago, el hermano
del Señor, dice lo siguiente:
También el Evangelio
llamado según los Hebreos, traducido recientemente por mí al
griego y al latín, y del que Orígenes se sirve con frecuencia,
después de la resurrección del Salvador refiere: "El Señor,
después de haber dado la sábana al criado del sacerdote, se
fue a Santiago y se le apareció" (pues es de saber que Santiago
había hecho voto de no comer pan desde el momento en que bebió
del cáliz del Señor hasta tanto que le fuera dado verle resucitado
de entre los muertos), y asimismo poco después: "Traed, dijo
el Señor, una mesa y pan," e inmediatamente añade: "Tomó el
pan y lo bendijo y lo partió y se lo dio a Santiago el Justo,
diciéndole: Hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del Hombre
ha resucitado de entre los muertos."
El Evangelio según
los Hebreos, del que Jerónimo cita este interesante pasaje, fue
escrito originalmente en arameo, pero con caracteres hebreos.
En tiempo de Jerónimo el texto original estaba en la biblioteca
de Cesárea, en Palestina. Tanto los ebionitas como los nazarenos
hacían uso de este evangelio, y de ellos obtuvo Jerónimo un ejemplar
para sus traducciones griega y latina. El que lo usaran los cristianos
palestinenses que hablaban hebreo (arameo) explica la razón del
título según los Hebreos.
Ello explica también
que sea Santiago "el hermano del Señor," el representante del
cristianismo estrictamente judío, la figura central de la narración
de la Pascua, contra lo que dicen los textos canónicos. En tiempo
de Jerónimo muchos creían que este evangelio apócrifo era el original
hebreo del evangelio canónico de Mateo, mencionado por Papías
(Eusebio, Hist. eccl. 3,39,16; 6,25,4; Ireneo, 1,1).
De hecho, los pocos
fragmentos que quedan revelan estrechas relaciones con Mateo.
Según la conclusión más segura, este Evangelio según los Hebreos
sería probablemente una especie de revisión y prolongación del
evangelio canónico de Mateo. El pasaje citado mas arriba muestra
que había en él frases de Jesús que no están en nuestros evangelios
canónicos. Este rasgo característico lo atestiguan también, además
de Jerónimo, otros escritores; por ejemplo, Eusebio (Teofanía
22):
El evangelio que ha
llegado hasta nosotros en caracteres hebreos no lanzaba la amenaza
contra el que escondió (su talento), sino contra el que vivió
disolutamente; porque (la parábola) distinguía tres siervos: uno
que había consumido la hacienda de su señor con meretrices y flautistas;
otro que había hecho rendir mucho a su trabajo, y otro que había
escondido su talento, y cómo, al final, uno fue recibido, otro
fue tan sólo amonestado, y otro encerrado en la cárcel.
Este evangelio apócrifo
debió de ser compuesto en el siglo II, porque Clemente de Alejandría
lo usó ya en sus Siromala (2,9,45) en el último cuarto del mismo
siglo.
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