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Después de terminar mi carrera universitaria (Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) he trabajado de mil cosas diferentes: ayudante de cocina, camarera, en una cooperativa agrícola, de monitora de tiempo libre con niños, vendiendo material deportivo, en gimnasios realizando clases dirigidas y entrenamientos personales, realizando terapia alternativa con caballos…

Ninguno de estos trabajos me ha durado más de 4 meses. Muchos eran temporales, ya los buscaba así. En otros muchos me auto-despedía. Y muy poca gente entendía por qué lo hacía.  

¿Por qué lo hacía?

Simplemente por que no quiero un trabajo que no me haga feliz, realizada, en el que aprenda día a día y me sienta útil ayudando a los demás.

Luchar por mi propósito de vida que me haga levantarme de un salto de la cama cada mañana.

Con el que poder ir en dirección a mis sueños, y no solamente con la motivación de ganar dinero para poder hacerlos realidad.

Quiero un trabajo con el que poder convertirme en lo que siempre he imaginado ser desde niña. Una persona libre, conectada con la naturaleza, viajando por todo el mundo, practicando todo tipo de deportes allá donde va, rodeada de animales, formando continuamente.

Alimentando en todo momento el niño interior que todos llevamos dentro.

Me considero una personas bastante minimalista en mi día a día. Pero hay que ser plenamente consciente de que el mundo se mueve por dinero. Se puede estar más a favor o más en contra, pero es la pura realidad.

¡Hasta las personas más bohemias y soñadoras tienen que comer y pagar facturas!

La solución a todo esto no creo que sea no trabajar o trabajar poco. ¡Vaya aburrimiento!

“Lo que el hombre necesita realmente no es un estado de tranquilidad absoluta, sino más bien aspirar y luchar por lograr una meta que merezca la pena, una tarea libremente escogido.”

V. E. Frankl, en El hombre en busca de sentido (superviviente del Holocausto).

¿Y dónde se esconde ese trabajo ideal?

Es la pregunta que me he estado haciendo durante años y años. Reflexionando muchísimo, intentando encontrar el sentido de la vida y mi propósito.

Pero con un fallo: siempre lo hacía desde mis limitaciones mentales. Desde lo establecido, lo convencional. Teniendo como referente a personas que no me acababan de convencer sus estilos de vida…

No veía ninguna salida viable. Por lo que trabajaba en cosas que no me gustaban, medio deprimida durante meses, sin saber que hacer con mi vida laboral.

Tirada en el sofá, matando el tiempo durante horas delante del móvil y sin encontrar respuesta alguna a mis problemas. Pero teniendo clarísimo que todo el dinero ahorrado se iría para cumplir mis sueños. En esos momentos: viajar por todo el mundo.

Pero al volver de los viajes, seguía teniendo el mismo problema, claro.

“No puedes seguir así Sandra. Tiene que asentar cabeza, encontrar un trabajo estable y luego ya harás lo que quieras.” ¡ERROR! Harás lo que puedas o lo que te dejen hacer.

Pero sí, tenían razón: tenia que empezar a ponerme las pilas y decidirme por algo. No puedo seguir dando tantos bandazos.

Y pensando, y pensando… Los trabajos que mayor libertad temporal dan me di cuenta que eran: bombera o profesora de secundaria. Aunque no me acababan de convencer ninguno de los dos, podría estar bien.

Pero cuando me puse a indagar sobre la preparación previa a las oposiciones de ambos, me di cuenta de que era mucho, muchísimo esfuerzo, trabajo y sacrificio llegar hasta esa profesión.

Y que personalmente no merecía la pena intentarlo siendo que era mi plan B y que no sabía si me acabaría gustando y adaptando a ello.

 

¡Eres demasiado inconformista, Sandra!

¡Todos queremos esa libertad financiera, temporal y espacial de la que hablas! Pero eso, o eres rico o…. es casi imposible de conseguir.

Por un tiempo pensé que estaba un poco loca, que era demasiado soñadora y que esto no podía ser. He estado a punto de tirar la toalla, de dejarme llevar por la corriente.

Pero no, no me puedo conformar. Mis inquietudes y sueños han sido más grandes que mis miedos e incertidumbres.

“Siempre que te descubras en el lado de la mayoría, es hora de detenerte a reflexionar.”

M. Twain.

Así que ha seguido informando, conociendo a personas, leyendo muchísimo, cambiando mis referentes, rompiendo mis limitaciones mentales…

Y viendo que personas normales y corrientes han conseguido lo que yo quiero. Tienen un estilo de vida tal y como yo siempre había soñado.

Personas que están dando la vuelta al mundo, viviendo donde quieren, de la manera que quieren mientras trabajando en lo que les apasiona, ayudando a los demás.

Y me pregunto… ¿y si ellos han podido, por qué no yo?

 

Pero… ¿Y cómo lo consigo?

Tras mi último viaje por el sudeste asiático me he dado cuento lo que quiero hacer realmente con mi vida. He hecho un click, un cambio de mentalidad y tengo clarísimo donde quiero ir.

Siempre he tenido taaantas inquietudes, tantos “frentes abiertos” que no sabía cómo acceder a esa vida soñada.

El principal problema de la mayoría de seres humanos es que no sabemos dónde queremos llegar ni qué hacer con nuestra vida. Y por eso no llegamos nunca.

Y en medio del viaje me di cuenta de que no quería perder más el tiempo. Que la vida es muy corta para no pelear todo el tiempo por lo que realmente se quiere. Que ya valía de tanta reflexión y que era hora de ponerse manos a la obra y entrar a la acción.

Así es como estoy realizando actualmente el Mentoring formativo con Antonio G, de Inteligencia Viajera, desde hace varios año una de mis grandes referentes en el nomadismo digital.

Y aquí estoy, embarcada en el proyecto Sendero Alternativo. Que no sé cuánto tiempo me llevará, pero me convertirá en nómada digital.

Dicen que lo importante es saber hacia donde vas, el resto llegará. Así que: muchas gracias por estar allí en una de las aventuras más trepidantes de mi vida.

Si te pasa o ha pasado algo parecido, quieres decirme lo loca que estoy o simplemente saludarme: estaré encantada de leer vuestros comentarios.

¡Un abrazo enorme!

 


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