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La primera idea era irme a algún país africano, después la casi vuelta a España. Al final por temas personales, de formación y de dinero: acorto y acerco la ruta.

En esta ocasión me apetece improvisar, dejarme fluir y no marcarme demasiados objetivos. Lo único que tengo claro es que voy para el sur de España: ¡Andalucía!

Marco un punto en el mapa para orientarme: Cádiz.

Pero como dice mi querido amigo Javier Martinez:

“Ya sabes… Tu meta no es llegar a Cádiz, ni hacer tal o cual recorrido, sino es estar yendo. Disfrutando de todo lo que te espera, asimilándolo para ser mejor persona. Para ti y para los demás.”

Y la ruta me sorprendió ya desde el primer día, ¡vaya que sí!

1) Sant Pere de Ribes – Salou:

La idea inicial era salir desde mi campo base en Sant Pere de Ribes (Barcelona) y llegar hasta Salou (Tarragona) en la primera etapa de viaje, pero imprevistos de última hora con mi bicicleta me lo impiden.

Ya había quedado en encontrarme con unos amigos muy especiales, así que no podía retrasar la fecha de salida.

Tras mucho reflexionar: nos plantamos Júlia y yo en Salou en coche.

Cenamos y dormimos en casa de Jose y Cristina, unos buenos amigos de la universidad, que hace tiempo que no veía, con los que pasamos unos momentos muy agradables.

2) Salou – Pinell de Brai (68 kms):

Al día siguiente madrugamos, desayunamos sin perder mucho tiempo, nos despedimos de Jose y emprendemos camino hacia un pequeño pueblo del Delta del Ebro: Pinell de Brai.

Con Jose y Júlia a punto de salir de Salou.

Costeamos entre carriles bici, paseos marítimos y un poco de carretera nacional hasta Miami Playa, donde paramos a comer algo rápido.

De allí nos metemos para el interior por la C-44, que empieza con una buena subidita y algo más de tráfico. Aunque sigue siendo una carretera muy cómoda y preciosa para transitar en bicicleta.

Hidratación tras la subida.

El “pas de la barca” de Miravet está cerrado a la hora que llegamos, por lo que vamos hasta Mora d’Ebre, de allí un pequeño trozo por la N – 420 y ya subida a Pinell de Brai por la tranquila N-230c. 

Apuramos a tope la luz del día y todavía nos quedan unos pocos kilómetros para llegar cuando oscurece.

Justo en ese momento aparece a un lado de la carretera nuestro querido amigo Javier y su furgoneta, que nos hace de coche escoba y nos alumbra la carretera hasta Pinell.

Allí nos quedamos a dormir en el camping municipal, en el que puedes pasar la noche por menos de 5€ por persona si llevas tu tienda de campaña.

Cenamos mientras arreglamos el mundo con Javier.

Mañana toca cambio de actividad (piraguismo!!) y hay que planificarla.


3) Ascó – Miravet (en piragua, 27 kms)

Desayunamos maravillosamente bien en Ca l’Àngel  de la mano de  Georgina, hay que coger fuerzas para el intenso día que nos espera.

Lluís de la empresa Beniemocionsa quien alquilamos las piraguas, nos deja en Ascó y desde allí nos podemos a descender el tranquilo, solitario y silencioso río Ebro.

Instantes previos a meternos al río Ebro (Ascó).

Es entrar al río y todo se ralentiza, es como magia.

No se puede pagar ni con todo el oro del mundo esa sensación de estar solo en este maravilloso entorno.

Muchas veces nos vamos a la otra punto del mundo a ver cosas, sin apreciar realmente lo que tenemos tan cerca.

Parada técnica para comer en Mora d’Ebre.

Al llegar a Miravet tras 27 kms descendiendo el río, nos encontramos un poco cansados pero muy contentos. No sé cuantas veces hemos realizado ya este mismo recorrido, y no deja nunca de sorprendernos.

4) Pinell – Serra del Cardó – Pinell (circular, 105 kms)

Madrugamos bastante y salimos a las carreteras antes incluso que el sol.

Júlia tenia que coger un tren en Tortosa de vuelta a casa. Javier y yo realizamos una circular por la zona sin alforjas.

Pinell de Brai – Tortosa (C-12), antes de salir el sol.

Una vez en la estación de tren de Tortosa, desayunamos contundentemente. Y tras despedirnos de Júlia, emprendemos ruta hacia Rasquera por la T-301. Paralela a la C-12 y al río, con muy poca circulación.

Una vez en Rasquera, subimos hasta el Monasterio de Sant Hilari, un antiguo monasterio franciscano en la Serra del Cardó rodeado de ermitas por el monte.

Un sitio con una energía brutal.

La carretera se asfaltó en su momento para los camiones que subían y bajaban cargados de agua de un antiguo manantial que embotellaban, pero que en la actualidad no pasan prácticamente coches.

Una carretera ideal para los ciclistas de carretera, vamos.

Subiendo al Monasterio de Sant Hilari (Rasquera).

Ya de regreso, paramos en el “pas de barca” de Miravet para acortar algún kilómetro a la ruta. Con la mala suerte de que al hacer viento no dan servicio.

Nosotros que ya nos veíamos en el otro lado parando a comer…

El plan B es pasar por Mora d’Ebre, sumando unos kilómetros extras y sin parar a comer algo consistente, ya que íbamos justos de luz. Nos apañamos con unas barritas.

Llegamos a Pinell cansados y hambrientos. Con la “tontería” han salido más de 100 kms.

5) Pinell – Arnés (35 kms)

Tras varios días en Pinell de Brai con una inmejorable compañia, toca partir de nuevo rumbo al sur.

Ahora es cuando empieza de verdad la aventura en solitario. ¡Y qué ganas tengo!

Han sido días muy intensos y ahora el cuerpo me pide soledad y silencio.

Salgo sin saber muy bien donde dormir esta próxima noche. Aunque estoy bastante cansada y no tengo la intención de hacer demasiados kilómetros.

Por la T-333 antes de llegar a Horta de Sant Joan.

Subo a comer al Horta de Sant Joan, nunca antes había estado y creo que por su fama de ser tan bonito, tengo que entrar a verlo.

Enseguida se empieza a poner el cielo oscuro y a caer las primeras gotas de lluvia. No pierdo demasiado tiempo, me pongo el chubasquero y sigo mi camino.

Varios kilómetros antes de llegar a al pueblo de Arnes aparece ante mi el camping. No lo dudo ni un momento y me quedo a dormir allí. Mañana será otro día.

Vistas de Horta de Sant Joan tras la tormenta.

Como todavía es pronto, me voy a Arnes en busca de un bar con wifi para poder hacer algo de faena.

Aparezco en el Casal Municipal, un espacio súper acogedor, con una terraza y unas vistas espectaculares de la zona. Ceno allí y otra noche más toca dormir en el suelo.

6) Arnes- Fuentespalda (34 kms)

Vuelvo a desayunar al Casal Municipal, hoy con un sol radiante.

Pero no he dormido muy bien y me encuentro muy reflexiva. Demasiado.

Soy una persona bastante solitaria y viajar sin compañía hace que se me dispare la creatividad y la inspiración. Pero hay días que no son tan buenos. Este es uno de ellos.

Aunque tengo que reconocer que volver a pisar mi tierra y llegar a Valderrobres en bici, me llena de motivación a tope.

¡Teruel existe!

Pero tras pocos kilómetros más se siento sin demasiadas ganas para avanzar, y a la que veo un cartel de camping: decido quedarme.

Tengo más ganas de estar con el ordenador y avanzar cosas del proyecto, que pedalear. Muy, muy raro en mí.

Decido escuchar mi cuerpo, ducharme, montar la tienda y como todavía queda algo de sol aprovechar para hacer la colada y como no: ordenador.

Mi humilde morada en Fuentespalda

7) Fuentespalda – Morella (38 kms)

Hoy el objetivo está claro y es muy factible: llegar a Morella.

Decido hacerlo por la carretera más secundaria que puedo, en este caso la CV-110, que pasa por Herbés.

Me encanta ir por estas carreteras porque van menos coches, además de que suelen ser mucho más bonitas. Lo no tan guai, sobre todo si vas con alforjas, es que también tienen mucho más desnivel.

Los pueblos por los que paso son más pequeños de lo pensaba. Y no encuentro ni fuentes, ni nada que poder comprar para comer.

Hace bastante calor, no tengo demasiadas energías pero voy tirando. Hasta que visualizo una subida… Tremenda.

Decido parar y cocinar algo. Tendré bastantes dificultades al subirla si no me llevo algo a la boca.

Avituallamiento improvisado.

Y efectivamente, la subida es mucho peor de lo que imaginaba. Menos mal que he parado a comer el tentempié… Eso sí: súuuper bonita.

Al llegar a Morella descubro un parquing de auto-caravanas con un espacio muy interesante para poder plantar la tienda y pasar la noche.

Me subo al pueblo a hacer una merienda-cena potente y tiempo hasta que oscurezca, y volvo a bajar al parquing a prepararlo todo.

Toca acampada “libre”, aunque bastante controlada.

8) Morella – Els Ibarsos (82 kms)

Salgo de Morella, cogiendo la C-12 y subiendo ya desde el principio. Ahora mi objetivo es Valencia, a ver si puedo llegar en 2 días.

Enseguida empiezo a ver el castillo de Morella y sus casa cada vez más abajo. Sigo subiendo, prácticamente sin coches. Tranquilidad máxima.

Subo, subo, subo… hasta llegar a Ares del Maestre, conquistado el Coll de Ares.

Paro a comer algo y me preparo para la merecida bajada. ¡Y como disfruto!

Sigo por la T-165 hasta Adzaneta. Allí no me convence ningún sitio para hacer acampada libre, además del frío que hace. Así que decido hacer unos kilómetros más hasta Els Ibarsos donde hay un hostal bastante económico.

9) Els Ibarsos – Almenara (74 kms)

Bajo por la C-15 hasta Puebla-Tornesa y de allí por los carriles bici de la autovía de La Plana.

Una autentica pasada pensada exclusivamente para los ciclistas. Esto sí es 100% seguro.

Ojalá algún día veamos el país lleno de estas sencillas y tan necesarias infraestructuras.

Carril bici paralelo a la autovía de La Plana (Valencia).

Tal vez ir al lado de una autovía no es el paisaje más idílico para pedalear, pero sí es muy útil y cómodo si quieres llegar a X sitio. Y además totalmente seguro.

Llego a Almenara bastante cansada y tengo dos opciones: o dormir en la playa, o llamar a un par de buenas amigas que viven al lado de Valencia que venga a por mi en coche.

La verdad es que la idea de pegarme una ducha caliente y dormir en cama me tira mucho… Y realmente no tengo que demostrarle nada a nadie, ni siquiera a mi misma en este viaje.

Así que: me dejo cuidar y que me lleven hasta Valencia en coche. Que raro se me hace volver a montar en un vehículo motorizado… ¡Parece magia!

10) Aldaia – Algemesí (42 kms)

Me quedo varios días descansando en un pueblo al lado de Valencia (Aldaia) en casa de Ana y Almu. Avanzo proyecto y recupero fuerzas, que de vez en cuando lo necesito.

Y también aprovecho la oferta cultural tan heavy que hay en Valencia capital.

Para retomar la aventura decido pedalear hasta Algemesí, donde hay un Warmshowers (una app de cicloviajeros que acogen a otros en sus casas) que me deja quedarme por unos días en su casa.

La salida de Valencia no es demasiado bonita visualmente que se diga, pero sí agradable de pedalear, ya que es continua por carriles bici y caminos rurales asfaltados.

Gracias a la app de Warshowers, conozco a Vicent, un chico encantador que me ofrece mucho más de lo que necesito a los 5 minutos de conocerme.

¡Incluso compartimos un boleto de lotería!

Encontrar a personas así en el camino, no tiene precio alguno….

Al final, por cuestiones meteorológicas, me tuve que quedar más días de los previstos en casa de Vicent.

¿Recuerdas las lluvias torrenciales valencianas que tuvieron que cortar autovías y paralizar colegios por unos días? Pues de esas mismas hablo yo…

Días lluviosos = faena en el ordenador

11) Algemesí – Caudete (98 kms)

Después de tantos días sin salir a pedalear, tengo un “mono” de hacerlo que no veas. Y me pongo un reto más elevado: llegar a Caudete (Albacete) a casa de otro Warmshower.

Mi compañera fiel de aventuras.

La etapa de hoy ha sido intensa: pedalear entre cítricos, Camino de Santiago de Levante, barro, caminos cortados, más desnivel del esperado (800m+)…

A pesar de todo consigo llegar a casa de Juan en Caudete antes de anochecer. ¡Objetivo del día conseguido!

12) Caudete – Elche (71 kms)

En casa de Juan y su familia no me pudieron tratar mejor: cena espectacular, cañas con los amigos, habitación y baño propios, desayuno súper consistente, comida de “ataque” para el viaje…. ¡Me hacen sentir como en casa!

Con Juan y su madre (Caudete, Albacete)

Juan ha estado viajando en los últimos años por América Latina en bicicleta, y muchas personas le ofrecieron hospitalidad. Ahora él y su familia deciden hacer lo mismo con otros viajeros.

Se lo cuento a mi madre y dice: “Dales las gracias de mi parte y diles que tienen una casa aquí también siempre que quieran”.

Dicen que es la cadena de favores, ¿no?

Tal vez no sean ellos mismos los que necesitan ayuda, pero sí otros.

Sigo mi camino con el aprendizaje hecho, esta vez hasta Elche. 

Tenía ganas de visitar esta ciudad, aunque la verdad es que me decepciona un poco.

13) Elche – San Pedro de Pinatar (64 kms)

Hoy el objetivo es cruzar a Murcia y dormir en San Pedro de Pinatar, donde me esperan otros simpáticos Warmshowers.

La etapa se hace muy amena y tranquila. Sin grandes desniveles ni dificultades externas.

Digo externas, porque internas estoy bastante reflexiva, más de lo que a veces me gustaría. Pero nada que no se pueda solucionar pedaleando.

Todo el mundo sonríe en la misma lengua

La etapa de mañana es el punto de inflexión de la ruta: o me voy para Almería costeando o me voy por el interior hasta Granada. Me tira mucho más este último pero tanto desnivel…

14) San Pedro de Pinatar – Totana (81 kms)

Decidido: ¡me voy por el interior hasta Granada! A quien quiero engañar, mi enamoramiento por las montañas gana con creces al desnivel que tenga que hacer…

Empiezo a estar bastante cansada del “tute” que llevo. Creo que estoy gastando más calorías de las que ingiero, y es que estar todo el día encima de la bici, por mucho que comas, no le da tiempo al cuerpo.

Espero no perder demasiados kilos como me ha pasado en alguna aventura parecida.

We can do it!!

Ante el cansancio y las adversidades, solamente nos queda sonreír y seguir para adelante. No hay más.

Duermo en el camping de Totana.

15) Totana – Vélez-Rubio (69 kms)

Lo que no contaba yo de ir por el interior andaluz es con la ola de frío que me ha pillado de lleno.

Después de dejar atrás Lorca y Puerto Lumbreras, cruzo la frontera de Almería. ¡Por fin estoy en Andalucía!

A pesar de frío, vuelvo a dormir a la intemperie con la tienda en Vélez-Rubio. Esta vez en otro parking de auto-caravanas en el que prácticamente no había nadie.

16) Vélez-Rubio – Venta del Peral (56 kms)

Despertando en el parking de auto-caravanas (Vélez-Rubio, Almería).

Sigo avanzando dirección Granada, en la etapa de hoy por el área de servicio de la autovía A92N, ideal para cicloviajeros.

Hace muchísimo frío, tanto que al cruzar la frontera de la provincia de Granada, me da la bienvenida con unos cuantos copos de nieve.

Hoy tengo claro que si puedo evitar dormir en la tienda… mejor.

Lo bueno es que cada X kilómetros me voy encontrando áreas de servicio donde poder alojarme.

Decido quedarme en Venta del Peral, ya cuando casi está a punto de oscurecer.

17) Venta del Peral – Sierra de Baza (36 kms)

Sigo pedaleando por el área de servicio por la A92-N sin saber donde llegaré a dormir.

Paso bastante frío, como ya es habitual en los últimos días. A pesar de ello, es una etapa fácil, sin prácticamente desnivel.

Se empieza a hacer tarde y paro en una área de servicio con alojamiento. Cruzo los dedos para que no sea muy caro y pueda quedarme a dormir…

Me dejan la habitación de la niñera o algo similar a un precio más bajo. ¡Conseguido!

Me quedo allí dos días, ya que la meteorología está bastante delicada.

18) Sierra de Baza – Granada (105 kms)

Amanece lloviznando y con el cielo totalmente cubierto. Me da igual: hoy sí que sí llego a Granada. Cueste el frío que cueste.

Me doy cuenta de que a 200 metros de altura de donde he dormido ha estado nevando toda la noche.

El termómetro va jugando entre los grados positivos y negativos durante toda la etapa, ¡y yo en medio!

Estoy empapada, y cuando aparece un rayo de sol me paro a hacer la “fotosíntesis”.

Pero a la que veo Sierra Nevada, imponente ante mí: se me pasa todo… Ahora entiendo por qué he decidido venir por el interior andaluz.

Bajando el puerto de Los Blancares (Granada).

El puerto de Blancares también fue una experiencia intensa: agua-nieve, aire en contra, sin cobertura… Y de bajada ¡todavía más frío!

Pero lo importante es que cumplo el objetivo del día: ¡¡Granada!! =D

Me quedo allí por unos días, después veremos para donde voy…

19) Granada

Granada me acoge con tanta fuerza que al final decido finalizar mi viaje aquí.

Tener el lujo de poder recorrer sus rincones con personas que se lo conocen, no puede ser más genial.

Con Lorca (Granada).

Sus gentes, su música medio improvisada y tan auténtica en cada esquina, la artesanía de la calle, sus rincones, sus edificios históricos, las teterías musulmanas, Lorca, Mariana Pineda… Me atrapan.

La Alhambra (Granada).

No he llegado a Cádiz, pero no me importa.

He realizado el viaje dejándome fluir y llevada por lo que me dicta el corazón. Y eso no lo cambio por nada.

Vuelvo a mi campo base de Sant Pere de Ribes (Barcelona) en una furgoneta de Blablacar sin tener que desmontar ni una rueda de mi bicicleta.

Conclusiones

Cada vez que salgo de viaje en bicicleta, aprendo y recuerdo cosas básicas, para utilizar en el día a día que muchas veces se nos pasan por alto.

Gratitud. Bondad. Minimalismo. Sinceridad. Respeto.

Muchos de los problemas que tenemos, si te paras a pensar bien, son efímeros e intrascendentes.

A pesar de ello: nos quejamos continuamente de practicamente todo.

Sin valorar, sin dar las gracias de lo que tenemos.

Viajando en bici te das cuenta de estas cosas por el simple hecho de ir más despacio por la vida. De darte tiempo de observar, tanto lo que te rodea exteriormente, como lo que tienes en tu interior.

Y darte cuenta de lo lejos que tenemos los límites, de lo autosuficientes que podemos llegar a ser.

Y de los miedos que se nos inculcan constantemente para que no hagamos las cosas que más deseamos.

Pero cada día tengo más claro que, lo que se esconde detrás de esos miedos, es lo que más merece la pena ser vivido.

Y que cuando llegas: ¡nunca es para tanto!

Cualquier duda, sugerencia, etc, sobre el viaje contesto en comentarios.

Mil gracias, abrazo enorme!!!

Sandra C.


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